rincon sexologico

Artículos de opinión sobre la sexualidad humana y la sexología desde distintas perspectivas, médica, psicológica, educativa, social, etc...

23 enero 2008

LOS MICROMACHISMOS

Son prácticas de dominación masculina en la vida cotidiana, del orden de lo "micro", de lo capilar, lo casi imperceptible, lo que está en los límites de la evidencia.
Se trata de un amplio abanico de maniobras interpersonales que realizan los varones para intentar:
-mantener el dominio y su supuesta superioridad sobre la mujer objeto de la maniobra
-reafirmar o recuperar dicho dominio ante una mujer que se "rebela" por "su" lugar en el vínculo
-resistirse al aumento de poder personal o interpersonal de una mujer con la que se vincula, o aprovecharse de dichos poderes.

Sus mas frecuentes efectos: la perpetuación en los disbalances y disfunciones en la relación, el deterioro en la autoestima y autonomía femeninas y el aislamiento y la consolidación de prejuicios misóginos en el varón, se producen con denegación de su causalidad y atribución culposa a la mujer (uno de los micromachismos más frecuentes), y por último un aprendizaje del victimismo.

Tipología de los micromachismos
Existen tres categorías:
a) los micromachismos coercitivos (o directos),
b) los encubiertos (de control oculto o indirectos) y
c) los de crisis.

a) En los "coercitivos", el varón usa la fuerza moral, psíquica, económica o de la propia personalidad, para intentar doblegar y hacer sentir a la mujer que ella no tiene la razón de su parte. Ejercen su acción porque provocan un acrecentado sentimiento de derrota posterior al comprobar la pérdida, ineficacia o falta de fuerza y capacidad para defender las propias decisiones o razones. Todo ello suele promover inhibición, desconfianza en si misma y disminución de la autoestima, lo que genera más disbalance de poder.
b) En los micromachismos "encubiertos", el varón oculta, (consciente o inconscientemente) su objetivo de dominio. Algunas de estas maniobras son tan sutiles que pasan especialmente desapercibidas, razón por la que son más efectivas que las anteriores,) aquí es habitual las pegas de él al uso del preservativo y posterior “convencimiento” de ella para que use un método “más cómodo”). Impiden el pensamiento y la acción eficaz de la mujer, llevándola a hacer lo que no quiere y conduciéndola en la dirección elegida por el varón. No podemos olvidar que en ocasiones, la dirección a tomar no la decide su propia pareja, sino que este también es víctima de los auténticos directores de todo el machismo, los poderes, religiosos, económicos, políticos y sociales. Aprovechan su dependencia afectiva y su pensamiento "confiado". Provocan en ella sentimientos de desvalimiento, emociones acompañadas de confusión (-el dice que quiere hacerlo y yo no sé que hacer ¿será que no le quiero?), zozobra, culpa, dudas de si mismas, impotencia, que favorecen el descenso de la autoestima y la autocredibilidad.
c) En cuanto a los micromachismos de "crisis", suelen utilizarse en momentos de desequilibrio en el estable disbalance de poder en las relaciones, tales como aumento del poder personal de la mujer por cambios en su vida o perdida del poder del varón por razones físicas o laborales.

Micromachismos coercitivos
-Intimidación, (-si no aceptas mis demandas sexuales, te dejo-)
-Toma repentina del mando, (eyaculaciones dentro sin consultar y posterior “invitación” a tomar la APC).
-Apelación al argumento lógico, en esta ¡cuidado! pues ellos nos pueden utilizar para confirmar su argumento “lógico”
-Insistencia abusiva (entre quinceañeros es muy habitual )
-Control del dinero
-Uso expansivo del espacio físico

Micromachismos encubiertos
-Abuso de la capacidad femenina de cuidado:
-Maternalización de la mujer, ( habituales: chicos que llaman en lugar de ella)
-Requerimientos abusivos solapados (-él es muy aficionado a probar cosas que a mi no me gustan…)
-Maniobras de explotación emocional
-Culpar a la mujer de cualquier disfunción en la pareja
-Culpabilización del placer que la mujer sienta con otras personas
-Elección forzada (si no lo haces por mi es que no me quieres)
-Enfurruñamiento (acusación culposa no verbal: malos gestos, cara de perro,…)
-Maniobras de desautorización
-Redefinición como negativas de cualidades o cambios positivos de la mujer (es que tu eres “muy” alegre con los demás…)
-Pactos con terceros con quien ella tiene lazos afectivos (-su madre a mi me ha dicho que ella no es buena..)
-Descalificación de cualquier trasgresión del rol tradicional o del rol exigido hoy por las modas sexuales (¿A que ella es muy fría, doctor?)
-Terrorismo verbal (-como no lo haga contigo me busco a una cualquiera y lo hago-)
-Paternalismo (-pero doctor si yo lo hago “por” ella, para que aprenda…)
-Creación de falta de intimidad (muy habitual hoy en las botellonas, donde si la chica quiere intimidad para hablar necesita alejarlo a él del grupo…)
-Negación del reconocimiento de algo positivo de ella (Provoca sobrevaloración de lo poco que brinda el varón –ya que lo escaso suele vivirse como valioso- Bernard y Schiaffer, 1990)
-Silencio
-Negación a la mujer de su derecho a ser cuidada, e imposición de su deber de ser cuidadora.
-Engaños
-Autoindulgencia sobre la propia conducta perjudicial
-Hacerse el tonto
-Apelar a la inconsciencia (-no me di cuenta-)
-Apelar a las dificultades “propias” de los varones (-quiero cambiar pero me cuesta-)
-Apelar a las obligaciones laborales y sociales (-es que yo llego muy cansado del futbito-)
-Apelar a la torpeza (-es que ponerse el preservativo es muy difícil)
-Apelar a la “parálisis de la voluntad (-no pude controlarme-)
-Comparaciones ventajosas (-ves como ese es peor que yo-)

Micromachismos de crisis
-Seudoapoyo:
-mi novia y yo tomamos la píldora-
-si yo ya le he dicho que vaya al médico-
-Desconexión y distanciamiento -Cuando le he dicho que yo quería tener el niño el ha pasado de mi-
-Hacer meritos -yo no entiendo como siendo tan atento y educado conmigo, me hace esas cosas-
-Dar lástima
-Comportamientos autolesivos (el aumento de adicciones, amenazas de suicidio…)

Basado en textos de de Luis Bonino MendezMICROMACHISMOS, La violencia invisible en la pareja

23 septiembre 2007

El miedo en las relaciones sexuales






Autor: Pedro Villegas Suárez Médico deFamilia y Sexólogo -

-Oiga, si ¿el teléfono de información sexual para jóvenes?,
- Si aquí es,
-mira es que creo que hemos metido la pata, pues yo la he penetrado unos segundos sin preservativo y después nos hemos acordado de lo “antes de llover, chispea”…. -Oiga, ¿es usted médico? Si mire, quisiera saber si haciéndolo durante la regla es posible quedarse embarazada…. -…y si el se toca el pene después de eyacular y luego me toca a mi ¿podría quedarme embarazada?... -mi mujer cree que puede estar embarazada porque hace 10 días que no le viene la regla, ¿es posible? Si siempre lo hacemos con marcha atrás y yo controlo … Estas y hasta 10.000 preguntas parecidas por año llegan al Teléfono de Información Sexual para Jóvenes (TISJ) de la Junta de Andalucía. Siempre te sorprendes de la cantidad de formas de embarazarse que la gente se inventa. Lo cierto es que la humanidad no deja de inventar pamplinas como la nueva idea Estadounidense de abolir el Darwinismo y admitir la idea de que dios creó al hombre a partir del barro hace 10.000 años. En este servicio y en todos los de las distintas CCAA, (Teléfonos de Información Sexual hay en casi todas las Autonomías) las preguntas por temor a una práctica que haya podido terminar en embarazo se repiten a diario. Desde el “nos ha pasado que…”, hasta el “conozco a una mujer que…” todo el mundo ha oído una forma extraña de quedarse embarazada. Aquella señora que se sentó en un water y se quedó embarazada, ¡dios mío! ¡de que forma se sienta el personal en esas tazas!. Esta leyenda urbana circula por todo el territorio, lo que hace pensar que muy sonado tuvo que ser el suceso aunque no haya quedado grabado en la historia, entonces no había programas televisivo amarillos ni rosas que se interesaran por estas cosas, la historia tuvo que basarse en unos de estos embarazos “milagros”, muy probablemente sea la historia de un engaño a un hombre infértil o impotente al que hubo que convencer de que no habiendo sido él la causa de tal embarazo y siendo su mujer una “santa” tuvo que quedarse así el día que acudió al cuartelillo y al usar el water de la tropa se sentó en uno de estos poniendo la vulva sobre el filo de la taza y absorbiendo los espermatozoides que algún soldado dejó mientras soñaba con su amada. Yo me explico estas historias, en un tiempo pasado, como lógicas habida cuenta el gran desconocimiento que de algunas funciones hemos tenido en medicina y psicología, ciencias muy separadas en aras de una moral que no permitía la unión del estudio de la mente y el cuerpo, unir estas ciencias ha llegado a costar la vida a más de un científico que se enfrentaba a la incultura, a esto se unía el deseo de los dictadores morales de sembrar la confusión para hacerse valer ellos mismos. Pero seguir entendiendo las cosas de la misma forma hoy día es difícil de justificar ya que la información es más que suficiente aunque es cierto que esta también es excesiva, difícil de discernir, confusa y cara, y así los mitos de siglos pasados siguen ejerciendo sus influencias hoy día. Un hecho tan básico como el del placer no debería estar ligado a ninguna expresión del miedo y en nuestra cultura lo está, ¿quién ha pasado por una vida sexual “normal” y no se ha visto en alguna ocasión en unas de esas situaciones de pánico por la posibilidad de un embarazo no deseado? Y aunque la situación de la posibilidad no haya llegado, quien no la ha vivido como posible cada vez que se hacía algo. En la mente de muchas mujeres esta posibilidad es casi permanente. Casi todos y todas conocemos a alguien que se quedó y quien no conoce a nadie lo ha oído cien veces. Así la penetración, el fin último de la conducta sexual para la mayoría de la población, es en si misma una actividad que implica siempre ese miedo. En muchas mujeres y muy pocos hombres, el miedo llega a pesar tanto o más que el placer y se convierte en el verdadero motivo de leyendas como la de que “las mujeres siempre tienen menos ganas que los hombres”. Los motivos de su falta de apetencia por una actividad que casi siempre o siempre termina en una duda ¿me habré quedado? ¿habrá fallado el método?, son evidentes. Este miedo unas veces se hace consciente y la mujer es capaz de contarlo como tal y otras en que no es tan evidente por desconocimiento del hecho por parte de la propia mujer o por algo más actual que es el supuesto modernismo con que hoy las mujeres han de enfrentar su proceso de socialización, - tranquilo, no hace falta que hagas nada, yo tomo la píldora…- y más tarde se ve obligada a llamar a algunos de los TISJ porque no se fía de lo ocurrido, él era un conocido nada más y ha eyaculado dentro, como ha oído que todos los métodos fallan pregunta que si no sería mejor asegurarse la imposibilidad de embarazo tomando alguno de los tratamientos postcoitales que existen en el mercado. Esto es algo muy habitual, cientos de chicas a pesar de estar consumiendo ya píldoras anticonceptivas se toman una píldora postcoital cada vez que temen alguna cosa. Nadie se plantea que realmente todos los métodos pueden fallar, que el método anticonceptivo 100% seguro no existe y que quizás sería mucho más seguro no admitir más la eyaculación en el interior de la vagina. Se da por sentado que eyacular dentro tiene que ser más placentero tanto para ellas como para ellos y esto no es cierto, al menos físicamente, pues eróticamente hablando puede resultar más o menos grato y no es discutible pues nuestra erótica moderna muy visual, tiene muy asumida esas imágenes de los amantes gozando al unísono mientras a ella le cae el semen en alguna parte del cuerpo. Pero en la fisiología femenina no hay nada que justifique que el semen en la vagina o en alguna otra parte de su organismo pueda resultar placentero y tampoco en la del hombre. Desde la Sexología la actividad del coito se contempla como una conducta más de las muchas que existen y que no tiene justificación física en si misma pero que sabemos si tiene mucho de conducta dirigida, controlada y obligada. Habéis pensado que para poder penetrar (supuesto acto natural) es necesario la participación de uno o varios médicos, el ginecólogo que la revise, el planificador que la facilite su método anticonceptivo, el médico que practique el aborto en caso de fallo y un largo etc. de productos y técnicas absurdas para conseguir que lo displacentero se convierta en aparentemente placentero. Y todo por seguir considerando la penetración como el no va más de la sexualidad, y la eyaculación dentro como lo mejor de lo mejor. Curiosamente la sexología ha aclarado que la mayoría de las mujeres no tiene nunca un orgasmo con la penetración, que con el aprendizaje si puede ocurrir que se tenga un orgasmo “durante” la penetración pero no “por”, que esta es más una conducta reproductiva y que el órgano capaz de producir el orgasmo es el clítoris. Está bastante claro que en la lucha por las morales, el sexo se quedó reducido a la cama dentro del matrimonio y por supuesto lo único absolutamente lícito era la penetración con eyaculación dentro incluida. Hace siglos que el Machismo decidió eliminar a la mujer del mundo y relegarla a otros planos, iba a decir segundo plano y entiendo que aún hoy en muchas ocasiones la mujer sigue siendo el último plano de la existencia de muchos hombres e instituciones. En esta misión de desposeerla se le quitó su sexualidad y se la forzó a la única sexualidad que le era grata al hombre, penetrarla por cualquiera de sus orificios y si sentía placer o no le era absolutamente indiferente, se esperaba y se espera de ella que dijera que le gustaba, no que lo sintiera, como hoy con las prostitutas y así ha venido siendo desde entonces. La mujer es la gran víctima de todo el proceso de sexuación humana, sus miedos no han sido tenidos en cuenta jamás. Es más se ve como natural que pasen su vida con el temor al embarazo o con el temor a las pastillas y sus posibles efectos, o el temor a la sociedad si se queda embarazada o el gran temor a no ser considerada normal si dice que ella se lo pasa bastante mejor cuando la estimulan el clítoris y no cuando la penetran por muy grande, duro y persistente que sea lo introducido. Si en el fondo de la sexualidad humana falta este respeto hacia la mujer, como decirle a los maltratadores que son ellos los únicos que lo están haciendo mal. Para los profesionales que trabajamos con la sexualidad este binomio es una norma diaria. La sexualidad parece eternamente ligada al miedo femenino al embarazo y nos debemos preguntar ¿esto es así por naturaleza?.
Publicado en Cuadernos para el Diálogo

15 febrero 2007

El envejecimiento y la sexualidad




Recientemente se ha incrementado el interés por estudiar los mecanismos del envejecimiento y todo lo relacionado con el deterioro que supuestamente debe notar nuestro cuerpo con el paso de los años.
A la vejez se le han achacado una gran cantidad de supuestos que poco tienen que ver con lo que nuestro cuerpo realmente hace. Y la juventud se lleva la palma cuando tratamos de pedirle el máximo rendimiento al mismo. En todos los aspectos de nuestra vida las cosas las entendemos así, pero pocas veces analizamos si esto será del todo cierto.
En buena lógica en los aspectos más físicos de nuestros quehaceres diarios si tienen o al menos parecen tener importancia el estado de nuestra musculatura, de nuestro esqueleto, de nuestros órganos en general, pero ¿necesito mucho de mi cuerpo siempre? ¿en cuantas actividades mi estado general es imprescindible para poder hacer?
Desde luego si se trata de hacer deporte de competición sí tendré que procurar mantener mi cuerpo en los límites más altos, pero si se trata simplemente de hacer deporte para mantenerme ágil buscaré el deporte y la forma de practicarlo que mejor se adapte a mis circunstancias. Conforme la edad nos va haciendo perder fuerza o potencia, la mayoría nos vamos adaptando a estos cambios buscando la mejor forma de mantener las actividades que más nos gustan, sólo los deportistas de élite están condenados a abandonar sus actividades profesionales, que no las lúdicas, los demás nos las apañamos, ganamos en habilidades para saber como mantener nuestros deseos y buscamos nuevas fórmulas para seguir viviendo. Si de joven me levantaba tarde y corría como un poseso para poder coger el autobús, ahora me levanto algo más temprano y jamás pierdo ninguno.
La mitología popular ha explicado en base a lo supuestamente más evidente todo lo que necesita de alguna explicación y así se han ido acuñando frases y mitos que han dado lugar a que en realidad todos acabemos temiendo que llegue esa edad en la que todo se pierde. Así es muy común oír que la menopausia femenina acaba con la sexualidad de ellas y que el hombre a partir de los sesenta también sufre esa “pitopausia” y todo se acaba. Yo siempre he dicho que el Gran Hacedor en su infinita sabiduría nos podría haber quitado el sistema digestivo por ejemplo, así no nos deberíamos preocupar por tener que comer dado lo ajustado de las pensiones, y si no ha hecho esto ¿por qué iba a hacerlo con ese otro sistema más complejo que es el sexual?, con la gratificación que nos da a todos y de una forma tan barata.
Con la menopausia desaparece la capacidad reproductiva en la mujer, pero la reproducción y la sexualidad, ya hoy lo tenemos claro, están separadas, aunque nos reproduzcamos de una forma que parezca sexo. Y que si no fuese así pocos hombres se plantearían el tener hijos. Para tener hijos penetramos y eyaculamos en el interior de la vagina y para tener placer no nos hace falta ni la penetración ni eyacular dentro, con lo que la retirada de la regla en el caso de la mujer no tienen por qué traer cambios en la sexualidad, sí son lógicas algunas molestias en la vagina pues se pierde algo la humedad de esta zona y sus paredes sufren algo de atrofia, pero insistimos, la vagina no es necesaria para el placer. Y en el caso del hombre suele comentarse como la edad trae consigo una pérdida en la capacidad erectiva, y realmente más que una pérdida en el mecanismo de la erección lo que se da con más frecuencia es un enlentecimiento de la respuesta, es decir hace falta más tiempo de estímulo para que la erección ocurra aunque ya no se alcance la dureza de antes, y volvemos a insistir la erección tampoco es del todo necesaria para que el placer se de.
Pero fijaros en las explicaciones y pensad en las típicas situaciones, dentro de una relación de pareja que lleva bastantes años juntos, ella con la menopausia, con toda su mitología en su cabeza, aburrida de una sexualidad que se va convirtiendo en pura monotonía, el con la fantasía juvenil de excitarse y ereccionar automáticamente, pero también acostumbrado a poco o nada de juegos eróticos, con toda la mitología también a cuestas, con una sexualidad muy centrada en que lo único divertido y permitido como normal es la penetración. Así es como esta pareja va a “comprobar” que efectivamente los mitos son ciertos, pues ella acabará contándole a la amiga que cada vez tiene menos ganas y que desde que la menopausia le llegó deseó menos y él le contará a sus amigos que los hombres efectivamente tenemos un final más temprano que tarde.
Si a esto le añadimos que estamos muy acostumbrados a pensar y fantasear en el sexo con cuerpos muy jóvenes casi sin arrugas y con unas pieles tersas y brillantes no es de extrañar la pérdida de deseo que se va dando en muchas personas en estas edades.
La conducta sexual humana es bastante delicada en cuanto a equilibrio, muchas cosas la pueden deteriorar y pocas la animan sobretodo en nuestra cultura de consumo.
Cuando llegamos a estas edades pocas personas tienen las habilidades eróticas suficientes para saber continuar con su sexualidad, siempre esperando ser como jóvenes supermanes ellos y ellas esperando estar bellísimas cual actrices de Hollywood, la realidad de unos cuerpos maltratados por la poca o ninguna calidad de vida, por los excesos, hacen que se nos ponga muy cuesta arriba la práctica de la sexualidad. La salud es importantísima siempre, pero en este caso del que hablamos más.
Un cuerpo saludable, bien tratado, equilibrado, y con la alegría vital tan necesaria para mantener unas relaciones de pareja se hacen fundamentales.
Mantener viva la llama de la erótica puede ser fácil para aquellos que no teniendo parejas estables juegan a la conquista durante toda su vida, se preocupan por estar presentables y guapos o guapas, siguen saliendo a charlar y divertirse y cuando se permiten o consiguen un encuentro sexual se encuentran frente a ellos a cuerpos nuevos, desconocidos y con deseos de ser tratados sexualmente. Sus reacciones sexuales van a ser las de una persona joven tengan la edad que tengan, pues los mecanismos eróticos son así. En cambio la pareja estable que lleva toda una vida juntos, que han vivido épocas buenas y malas, con el paso del tiempo se olvidan de la conquista del otro/a, dejan de salir a divertirse y repiten las mismas actividades días tras días. Ahí es dónde realmente aparece el envejecimiento, en la monotonía de una vida sexual sin habilidades, sin el autocuidado necesario tanto físico como mental y sin el cuidado de la otra persona con la que convivimos.

www.pedrovillegas.com

22 enero 2007

El amor o el costo-beneficio en la pareja






Pedro Villegas Suárez







Tengo en consulta actualmente una pareja que se hace eco de unas circunstancias muy repetidas en muchas ocasiones y en bastantes parejas. Llevan casados 6 años, ella tiene 42 y el 45. Ella contabiliza una pareja anterior a la actual, él ocho, con lo que aparentemente él tiene más experiencia (la de ocho rupturas). Vienen a consulta porque esperan que la mejora de su vida sexual arregle la situación de pareja, que está absolutamente deteriorada, falta de respeto mutuo, discusiones permanentes, total desequilibrio de responsabilidades domésticas y una falta de comunicación efectiva importante.
En realidad el motivo de que él decida acudir a un sexólogo es que a él le apetece sexo a diario y le gustaría que ella fuese capaz de mantener su ritmo. Dice que también le apetecería que ella fuese capaz de hacer los numeritos sexuales que sus fantasías recrean, todas muy típicas de una educación pornográfica. Es decir mucho aquí te pillo, aquí me haces…y poco o nada de ternuras.
Al preguntarle a ella dice sentir ganas de vez en cuando pero que cuando se lo plantea a él siempre termina igual, con el pene en la boca directamente y con ninguna erótica. Ella ha pasado a “tragar” con todas las actividades sexuales que a él le han ido apeteciendo, en cambio jamás ha conseguido lo poco que plantea, más caricias y menos penetraciones a destiempo. Dice sentirse obligada a mantener las relaciones pues efectivamente él tiene mucho más deseo que ella pero, comenta, yo me paso el día entero trabajando y él todo el día aburrido en casa, con lo que yo estoy cansada tras acostar a nuestro hijo y él me está esperando en la cama con intención de que yo haga otro esfuerzo. Aquí una situación típica, cuando habla él el problema se centra en la falta de apetito sexual de su pareja, cuando es ella la que habla aparecen todas las circunstancias sociales y domesticas. Ella con los pies en la tierra y el en sus fantasías.
Los hombres estamos educados en un “no me pasa nada”, si Ortega decía “yo soy yo y mis circunstancias”, no debemos olvidar la segunda parte de esta frase, “y si no salvo mis circunstancias no me salvo yo”. El hombre masculino ha sido educado en “yo soy yo y mi sexo” vs. “mejoro mi sexo y mejoro yo”. Muchos hombres acuden a consulta con la idea de que quitando, por ejemplo la eyaculación precoz que lleva arrastrando quince años, van a conseguir mejorar la relación sentimental de su pareja.
Otra de las circunstancias educativas de la masculinidad mal entendida y que mas daño nos hace. Los hombres “lo controlamos todo”. Controlamos o creemos poder controlar el consumo de alcohol, el de las drogas, el volante de nuestro coche, nuestras emociones. “Yo no lloro jamás” como si tragarnos las lágrimas arreglase la circunstancia que las provocó, como si ello nos quitase el odio, la rabia o la pena. La psicología en el hombre no cuenta, “con mi capacidad de autocontrol como voy a tener problemas psicológicos”. Ya hace unos años, Luis Bonino, psicólogo especializado en los estudios sobre la masculinidad comprobaba como a los Servicios de Salud Mental acudían más mujeres que hombres en una razón de 100 a 1. Y hemos creído controlar el mundo y a las mujeres. Todos John Wayne, como si la criaturita fuese un ejemplo.
De hecho un gran problema del feminismo es tener que enfrentarse a esta creencia. El hombre masculino no quiere perder su “capacidad” de control, no quiere ser “controlado”.

En una relación de pareja cuenta mucho más que los sentimientos, con los que nos unimos y con los que decidimos establecer un vínculo más duradero, una ley llamada del “costo-beneficio”, es decir cuanto me cuesta a mí obtener qué beneficio.
En una balanza mis costos se deben equilibrar con mis beneficios que a última hora son absolutamente personales. Es decir a mi me puede compensar muchísimo pasarme dos horas en una cocina trabajando en una comida si al final quienes se la comen me dicen que les gusta lo que he hecho. Mucho costo para un beneficio muy personal. Así es como en realidad nos relacionamos más los seres humanos. Hay personas y personajes que todos conocemos que para compensarles sus “costos” hay que comprarles mansiones y otras más sencillas que le dices un te quiero y las tienes enganchadita de por vida. Independientemente del género u orientación.
En la mayoría de las parejas se establece una relación no hablada, gran error, en la que los costes están preestablecidos por los social, pero como digo no se comenta para nada entre ambos. Se da por sentado que si él es muy moderno, por ejemplo, seguro que se va a ocupar de las tareas domésticas y que si ella también lo es, por ejemplo, le va a encantar el sexo de las películas. Esta relación de “seguro que tu haces…” suele ser cuestión de unos meses cuando la relación se inicia, sobre todo por que en esa ley del costo-beneficio los sentimientos enardecidos tapan los agujeros que la realidad marcan y la balanza se equilibra a base de besos y cariños. Pero pasados unos meses, estos últimos tienden a desaparecer o disminuir bastante y sobretodo la balanza se desequilibra, generalmente en nuestra cultura de hombres masculinos en perjuicio de la mujer. Así ella va ganando en costos y perdiendo en beneficios. Actualmente es normal que mujeres como la del ejemplo con el que iniciado el artículo trabajen en casa y en la calle y hombres que trabajen solo en la calle y hagan”algo”en casa pero muy escaso.
Pienso al plantear esto que más de uno que autoanalice su balanza dirá que es él quien esta perdiendo más en base a sus costos, pero no debemos olvidar que a nivel particular todos creemos hacer mucho más de lo que realmente hacemos y sobretodo que estamos muy educados en ideas como “las tareas domésticas son de la mujer” y solo asumimos ciertas tareas, el resto como que no. No las aceptamos como responsabilidades propias.
Cuando la balanza la analizamos con las actividades sexuales, la mayoría de los hombres coincidimos en que las víctimas del disbalance somos nosotros. Nosotros “hacemos más” por la relación sexual de la pareja, - si por ella fuese en esta casa se haría una vez al mes- esta frase se repite en una y otra pareja. Sin embargo, cuestiono, ¿cómo va a desear sexo una mujer con el disbalance doméstico que acarrean y con la poca erótica que se suele dar en nuestra cultura?
El equilibrio de esa balanza no viene por la vía de exigir más sexo sino por la de dar más, asumir más costos y hacer que la otra persona se sienta beneficiada, seguro que más relajada de trabajo y con más erótica acaba sintiendo deseos y por tanto te dará más beneficios.
Al final muchas cosas en la vida guardan la misma relación, cuanto más doy más recibo.

16 diciembre 2006

La comunicación hablada en sexualidad

Pedro Villegas Suárez
médico y sexólogo

Aunque la sexualidad nos intere­sa a todos y a todas, resulta difícil encontrar un lenguaje adecuado para expresarnos y comunicarnos. Este es el resumen de la mayoría de las parejas que acuden a mi consulta, pero ¿por qué ocurre esto en un momento como el actual en que tanto se habla de sexo?
Las causas habría que situarlas en el tiempo en que no ha sido posible abordar este tema, entre amigos/as, medios de comunicación, etc. lo que ha impedido tanto hablar como escu­char, se han creado fórmulas groseras de alusión al sexo a través de chistes, tacos, etc. Este silencio ha dado lugar a que aún hoy día se haga difícil la comunicación, las redes informáticas han favorecido esta comunicación, pero sobre todo en lo que se refiere a las conductas, a los juegos que a cada uno le pueden apetecer y sin embargo rara vez hablamos de nuestras interioridades, de nuestros miedos, de nuestras dudas. Muchas mujeres aún ocultan que no disfrutan de orgasmos en las relaciones y ellos no comentan con sus amigos que padecen una disfunción y que no saben cómo o a dónde acudir. Estas situaciones nos dan vergüenza nombrarlas. Así se da el anacronismo de parejas de todas las edades que cansados de practicar sexo no saben como hacer disfrutar a la otra persona o aún peor como disfrutar plenamente de la propia sexualidad. Entre estas causas se po­dría señalar:
Desde pequeño se nos obliga a cubrirnos y a ejercer control sobre todo lo que se refiere a genitales. Imaginaos la diferencia entre un bebé, independientemente de su género, desnudo desde el nacimiento, jugando con sus genitales cuando quiere y otro al que nada más nacer se le pone un pañal para no tener que andar limpiando heces ni orinas y que solo se toca los genitales un momento al día mientras lo bañan.
Muchos sólo han podido ver órga­nos sexuales en las revistas y películas pornográficas. Así hoy día se entiende que una vulva es sin pelos y un pene es grande y recto y todo lo demás alteraciones y motivos de preocupación o disgusto.
El vocabulario sexual lo utili­zamos generalmente para insul­tar o contar chistes con lo que cargamos peyorati­va­mente la mayoría de los vocablos con que podemos nombrar los geni­tales: "cojones", “coño”, "culito"....Muchas personas jamás nombran estas palabras frente a sus parejas por no quedar mal y para no hacerlo no dicen ninguna otra cosa. El resultado es que ella que estaba deseando que su pareja la acariciara los genitales, por no quedar como ridícula nombrando el clítoris o como grosera nombrando el coño, se quedó sin decir nada y sin caricias para siempre.
La mayoría de la gente no quiere hablar entre ellos de sexo o por miedo a quedar como ine­xpertos o a "no dar la talla". La "filosofía" con la que se ha llevado y se sigue llevando el machismo, una sexuali­dad en la que se han cargado los aspectos cuantitativos sobre los cualita­tivos, es decir cuanto más mejor aunque sea muy pobre en calidad, hace muy difícil, al hablar con amistades o parejas intentar supe­rar las exagera­ciones y /o menti­ras de algunos. Hoy es muy habitual que cuando un chico liga con una chica que tenga un aspecto muy sensual la suponga inmediatamente como muy “experta” y se atemorice frente a ella considerándose a sí mismo un inexperto, y no hablemos si la chica le dice que ella ya ha tenido algunas experiencias. Inmediatamente en la imaginación pornográfica del chico aparece el “superhombre” con el que esa chica se ha debido acostar.
La religión y la moral han dictado unas normas dirigi­das exclusivamente a la reproduc­ción con el consiguiente desa­juste a la hora de vivirlo. Esto lo viven más las personas con educación religiosa, se dividen entre su forma de entender y su deseo. Curiosamente la moral ha calado tanto que personas que ya no reciben esa moral religiosa siguen sufriendo los recortes y las consecuencias de la misma.


Unos de los problemas que han aparecido recientemente con los me­dios informativos es el carácter consu­mista de la sexualidad. Ya no es tan impor­tante que alguien sienta algo por la otra persona para mantener una relación sexual con ella o que se enamore, hoy lo verdaderamente impor­tante es que tenga mucho po­der, que tenga un buen tipo y que utilice sus encantos para la captura del pez gordo. No sé que es más peligroso, si la dic­tadura moralista o la consumis­ta, en la primera se tenía claro que de sexo no se sabía nada y se buscaba con interés una información, las más de las veces difícil de encontrar. Sin embargo en la situación actual cualquier persona compra un video o un libro o una de las famosas revistas pseudocientíficas y cree estar leyendo toda la información del mundo. Las películas actuales han pasado del porno grosero y duro al estético y le llaman erotismo con lo que la información se trastoca en des-información. Cuando alguien quiere “mejorar” su vida sexual no intenta hablar con su pareja de cómo mejorar sus juegos sino que se dirige al sex-shop más cercano y le pregunta al vendedor qué puede comprar.

Con todo esto no es extraño, pues, que la sexualidad y su comunicación genere ansie­dades, vergüenzas, culpas y curiosidades a la vez que a unos les da placer y a otros les crea dificultades.
El lenguaje sexual, como casi todo lo afectivo se torna confuso, po­bre, falto de imaginación y por si fuera poco torpe, pues a veces se pretenden describir sensaciones, emociones de tipo afectivo o sexual con nombres científicos.
Esta situación se ve agravada cuando tratamos de transmitir a los niños los conocimientos adquiridos por los adultos en materia de sexualidad. Los niños demandan respuestas claras a sus preguntas, por lo que no son válidas las respuestas enciclopédi­cas, ni el mostrarles una actitud nerviosa o violenta, motivada en general por la falta de recursos comunicativos.

25 octubre 2006

Sobre la homofobia reinante


Publicado en Junio del 2006 en Cuadernos para el Diálogo

Los últimos acontecimientos sociales entorno al hecho gay y lésbico y su exigencia clara y rotunda de la igualdad en derechos, que por supuesto, y para no dejar dudas, comparto como persona y como profesional, me dejan el comentario de este artículo totalmente definido.
¡Que poco han evolucionado las personas!, te pasas una vida creyendo que efectivamente el ser humano ha ido pasando por la historia dejando huellas de lo que hicieron y que eso nos servía para aprender y evolucionar. Ves como se ha pasado de la piedra de silex al sílice para los chips, de las leyenda de Icaro a las retransmisiones de astronautas trabajando en naves espaciales, de los monolitos a la torres capaces de absorber impactos, por si las moscas terroristas.
A los protagonistas del conflicto actual ya les costó matar a quien se oponía a la idea de que la Tierra no era el centro del Universo, mataron también a quién se empeñó en decir que la sangre fluía por arterias y venas, permitieron la muerte de miles de judíos y luego les pidieron perdón,- lo que le habrá servido a los muertos y supervivientes,- matarán a los centro africanos que admitan su consejo de no usar preservativo, en una zona donde el sexo seco se practica como costumbre, contra la que jamás he oído una palabra de estos.
Como comentaba J.E.Ballesteros en su anterior artículo, “a Lorca también lo mataron los mismos que hoy claman a Dios; lo fusilaron por maricón”. Y hoy están dispuestos a lo mismo, se buscan a quien les dice que la Tierra es el centro del Universo (vease Aquilino Polaina, Psiquiatra) y estigmatizan a todos los demás.
¿Pero no entienden que convencer al pueblo de si es el Sol el que da vueltas al derredor nuestra o nosotros alrededor de él era muy fácil en la Edad Media, pero hoy somos muchos los que estudiamos y somos del pueblo?
Señor Polaina, lo siento pero aunque en la web de sus amigos se cree un foro para animarle por “la caza de brujas” a la que se ve sometido, yo no le hablo como cazarecompensas de nada, no pertenezco a partido alguno pues con haber sido católico practicante en mi juventud ya aprendí bastante de mentiras y burocracias, trabajar a piñón fijo es lo mío, apoyo a los que considero justo y peleo contra los que creo mentirosos, que por cierto nos estáis dando una lección magistral, su teoría de la homosexualidad es tan falsa como la de Claudio Tolomeo en el siglo II d.C. , aunque él tiene la disculpa del desconocimiento propio de su época
Deduzco de sus declaraciones que a su consulta han acudido personas un tanto extrañas o es usted como aquél compañero médico alcohólico que solo veía ese problema en todos sus pacientes y nunca aceptó su error.
Yo llevo desde 1982 en consulta exclusivamente sexológica y he visto muchos homosexuales de ambos sexos por disfunciones sexuales como las de los heterosexuales y jamás vino el único caso admitido de patología homosexual, la homosexualidad hebefrénica, será porque es poco habitual como la mayoría de las patologías frente a la normalidad, y le puedo decir que antecedentes de padres alcohólicos no suelen aparecer por esta, a lo mejor es que a mi me han tocado los raros, pero he visto padres de familias “al viejo estilo” que tanto les gusta a ustedes, venir a pedirme tratamiento para su disfunción porque sus relaciones extramaritales con su pareja homosexual no iban bien, y a estos usted no los nombra, personas con una vida y unos antecedentes familiares “normales” con su orientación sexual malvivida. Los respeté entonces como médico y los sigo respetando, jamás les dije nada, si algo les hubiese recriminado sería su falta de honestidad con sus parejas e hijos y consigo mismos. A mi consulta por suerte vienen católicos y no católicos, todos vienen a lo mismo, hablar de su sexualidad. Y señor mío en este tema su fe crea más disfunciones que el alcohol. “La energía sexual inhibida se transforma en destructividad “, decía Wilheim Reich.
Nunca se ha encontrado una explicación científica al hecho homosexual, por que no es lo científico lo que lo explica, es la naturaleza la que lo hace.
Señor mío, se equivocó Tolomeo, se equivocó Copérnico, se equivocaron quienes se empeñaron en una teoría de aquellos tiempos, hoy sabemos que el Sol, sistema al que pertenecemos está en una esquinilla de nuestra Galaxia, esquina a su vez de otras miles y que no sabemos donde puñetas queda el centro del Universo.
Evolución de pensamientos, de teorías, de modelos de entender la vida, adaptación a los nuevos conocimientos. Cualquiera que hoy se encierre en la idea de Tolomeo, se le puede considerar un cretino o un auténtico analfabeto.
¿Qué ganó la Iglesia con que variase el centro del universo? ¿Qué perdió?
No lo se, o no quiero recordarlo, por que en el fondo solo fue una demostración de fuerza o poder.
¿Qué quiere hoy con ese alegato a la FAMILIA, con mayúsculas sí, por que es la única que admiten? Hoy ya sabemos que modelos de familias hay miles, tantas como personas que deciden convivir juntas, y unas no impiden nada a las otras. Hoy ya sabemos que el centro de la unión entre personas no sabemos dónde puñetas está. De hecho ahí estamos muchos técnicos especializados en pareja y no acabamos de encontrar ese modelo de mejor conjunción en el que la libertad de sus integrantes sea la palabra clave. Pues lo que todos piden cuando acuden a consulta es vivir sus libertades sin que las del otro o la otra lo coarten ni perjudiquen su relación. Y esto no se consigue con el sacrificio de las mujeres como habéis venido promulgando y tampoco con el sacrificio de los homosexuales.
De poder no os llevaría a la hoguera como haríais vosotros, os llevaría a la escuela. Para que aprendierais de una vez por todas que el ser humano es un animal en continua evolución, que vengamos de donde vengamos nuestra naturaleza es evolucionar y mejorar si podemos, y eso a estas alturas del partido pasa por aceptar que sabemos algunas cosas que ya son nítidas, la homosexualidad no es una enfermedad, (vease el DSM-IV-R), los y las homosexuales son personas con los mismos derechos que usted, y con la misma fe que usted o más en muchos casos, es más me imagino que habrá algún homosexual católico que estará deseando casarse por el bonito ritual (y caro) de la boda con todos su avios, pero hay una diferencia en sus formas de interpretar esa fe, las de ellos los homosexuales y heterosexuales que piensan en la fe con libertad y la de los que se siguen encerrando en un único modelo, dicen que escrito. No se equivoquen, la Tierra no es el centro del Universo.


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21 septiembre 2006

EL ESTRÉS Y LA SEXUALIDAD EN HOMBRES Y MUJERES

Pedro Villegas Suárez


Actualmente no es raro encontrar uno o dos casos diarios de personas que acuden a la consulta por alguna disfunción y que tras un breve análisis esta está totalmente relacionada con una situación de estrés cotidiano. Me refiero por cotidiano a esa situación permanente que hoy día la mayoría sufrimos casi sin darnos cuenta. De hecho muchas de estas personas al comentarles que es muy posible que sea el estrés quién les está provocando la disfunción comentan que no, que ellos no están estresados.
Consideramos normal y por tanto no estresante, levantarnos temprano para casi sin desayunar, un importante número de personas no lo hacen, coger el coche e introducirnos en la jungla de asfalto, en la que rumiantes y depredadores se mezclan y a gritos y zarpazos conseguir una plaza de aparcamiento lo más cerca del trabajo para nuestro “bendito” coche; instantes después nuestro jefe nos dice que tenemos que terminar el trabajo ayer para que el pueda presentarlo hoy a las 14 horas, pues si no no habrá dinero para poder cobrar y por tanto nuestro “querido servicio bancario” se verá en el terrible compromiso de quedarse con nuestro único bien terrenal, nuestra vivienda.
Al terminar esta parte de la jornada vuelta a la jungla asfáltica que en estos momentos se recrudece pues la mayoría de los usuarios de la misma lleva ya algunos tiros dados y entre el miedo a perder algunos puntos y a que alguien te los dé o a ti o a tu amado coche las hormonas de supervivencia se disparan.
Llegamos a casa con los humos en la boca y nos comemos el almuerzo mientras el telediario nos cuenta el número de cayucos, de muertos en la carretera y el de obuses que han caído en Beirut, con su correspondiente números de muertos civiles y alguna que otra bomba en Irak, para rematar con algunos de los “dulces” comentarios apocalípticos del señor Rajoy y con el notición final de que mañana más calor. Último bocado y al coche de nuevo a terminar la jornada o al segundo trabajo para muchos. Más tráfico, más jefe y más darnos cuenta de que no llegamos a guardar nada de nuevo en nuestra aburrida cuenta de ahorros.
El final del día transcurre en un plácido banco del parque desde donde vigilamos a nuestros hijos que, incansables, juegan hasta tu hora de acostarte.
Y aquí llega el tan temido momento, -dios mío, ¿me pedirá sexo mi pareja ahora?, no tengo ganas ninguna pero es que hace un mes que no lo hacemos, claro será que ya no me quiere, ¿o será que ya no amo yo? No eso no, seguro que es el cansancio, verás como en vacaciones nos recuperamos. ¡Ahhh, las vacaciones!, la playa, el descanso, los gintonics a la luz de la Luna.
Llega el verano y “falconviajes” te dice viaje ahora y pague después, la playa hasta los botes de gente te hace buscar una plaza de aparcamiento lo más lejos de la playa, a la que se accede tras un par de berrinches de tus hijos por no comprarles esa tontería de chisme que el “amable” quiosquero le ha ofrecido. Allí tu media naranja se tumba y tu día transcurre en un plácido banco del parque una incómoda toalla desde donde vigilamos a nuestros hijos que, incansables, juegan hasta tu hora de acostarte.
Cuando te vienes a dar cuenta los 24 días de vacaciones han pasado y tu solo has tenido un par de noches para intentar que tu disfunción no aparezca.
-El mes de Septiembre, la consulta es un hervidero de personas estresadas y desencantadas de las vacaciones-.
Bien, pues ha todo este relato muchas personas lo llaman “placida vida cotidiana”.
Nuestra fisiología hace tiempo que ante situaciones así responde con un mecanismo de adaptación que hemos llamado estrés, se trata de un mecanismo de supervivencia que puede aparecer de forma aguda y sería un estrés traumático o de forma continua y llamarse estrés cotidiano. Dice el Dr. Daniel Sidelski en su artículo Manifestaciones del estrés: “El problema consiste, en que se procede a activar un sistema de respuesta que, si bien es sumamente efectivo a la hora de resolver situaciones en el plano biofísico, no lo es de igual modo respecto a las situaciones psicosociales. Es como si la evolución sociocultural, se hubiese producido a un ritmo que el sistema neurobiológico no ha podido alcanzar por el momento, razón por la cual, ante una situación demandante de acciones especiales de afrontamiento, el organismo activa todo una serie de sistemas para afrontar dicha situación mediante acciones musculares intensas y potentes.”
Entre sus efectos en el organismo están: musculatura en general y más concreta en cuello y espalda contraídas, -para favorecer los movimientos rápidos necesarios en la situación de estrés; garganta lista para efectuar gritos (las cuerdas vocales son músculos); corazón y arterias con aumento de presión para hacer llegar más sangre a sus destinos; aumento de la frecuencia respiratoria (es necesario un mayor aporte de oxígeno); sistemas digestivos y sexual, se inhiben su funcionamiento para que no molesten en el afrontamiento del estrés; y por último el sistema endocrino que libera y regula algunas hormonas, así se reduce la testosterona y se aumenta la prolactina, estas vitales en la sexualidad pues la primera nos la promueve y la segunda nos la limita haciendo que el deseo casi desaparezca y la excitación se vuelva mucho más lenta.
Comenta también Sidelski, “La activación del organismo es una reacción que busca generar una respuesta rápida, intensa y limitada en el tiempo, con el objeto de resultar exitoso básicamente en el plano biofísico. Dicha activación, para resultar biológicamente viable no puede extenderse en el tiempo por tiempo indefinido. Si el organismo no resuelve con éxito en un período determinado, la activación finaliza de todos modos en un estado de extenuación por agotamiento.”
El estrés no es una enfermedad, es un proceso adaptativo y está claro que no nos hemos adaptado, vivir la sexualidad ahí en medio de ese caos social que es lo cotidiano se hace casi imposible a menos que sepamos buscarnos recursos eróticos que nos ayuden a usar el sexo como una vía de descanso y no como esa otra competición en la que nos hemos embarcado, sobre todo los hombres, pues en este sentido la mujer es o era más relajada. Pretender vivir un día “normal” como el expuesto y terminarlo con una escena de sexo “fuerte” es otra de esas locuras que estresan en vez de relajarnos.
Por dar una idea, por qué no, cuando durmamos al niño, apagamos la tele, llenamos la bañera y nos metemos los dos a masajearnos un rato, acariciarnos, contarnos tres tonterías de las sufridas durante el día y si se incluye un orgasmo manual bien y si no también. Ya me contareis que ocurre…

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