Autor: Pedro Villegas Suárez, Médico de Familia y Sexólogo
Si tiene usted más de 45-50 años y alguna vez se siente cansado, con menos ganas de vivir, con cambios de humor, y pérdida de deseo sexual, no es que el partido contrario a su ideología lo esté haciendo mal o que su equipo de liga favorito tenga la culpa, tampoco su compañera tendría por qué ser la culpable. En ocasiones nos dicen los científicos, puede ser que sus hormonas estén algo bajas. Esto que hasta hace poco algunos intuían, pero sin bases comprobadas, se ha venido a constatar por la Wellman Clinic de Londres, que nos dice que casi un 50% de hombres con 50 años presentan alguno de los síntomas de lo que se ha dado en llamar el Síndrome del Hombre Irritable o en España el Síndrome de Irritabilidad Masculina (SIM), es una bajada gradual de las cifras de testosterona en la sangre. Lo del título, el Grumpy man se refiere al enanito gruñón del cuento de Blancanieves. Y la verdad es que siempre me ha resultado muy cómico ese personaje a la vez que molesto, pues con sus formas de estar siempre conseguía amargar la escena y realmente nunca conseguía nada pues casi siempre su idea estaba equivocada. Pero este personaje no sólo está en ese cuento, casi todos los relatos antiguos o modernos ponen a un gruñón, del que todos acabamos riéndonos pues cuando nos damos cuenta que tal estado es permanente ocurra lo que ocurra solo produce lástima e hilaridad. Pero en la vida real no son estos los efectos que producen pues tener a tu lado a un irritable en nuestra convivencia diaria solo menoscaba nuestros esfuerzos y nuestra moral. Cuantas parejas han soportado los cambios psicológicos de sus compañeros con el estoicismo de quien camina bajo la tormenta porque no tiene más remedio. Cuantas no se han sentido con ganas de tirar la toalla y dejarlo todo.
Muchos hombres también han percibido estos cambios y han buscado ayuda sin conseguir dar con alguna clave que les permitiese entender lo que les ocurría y han terminado explicándose sus cambios de humor echándole la culpa a ella, o a los hijos o a los dolores de espalda…y en muchos casos al Gobierno. No podemos olvidarnos que estos cambios que describe el síndrome ocurren a la vez que otros propios de la edad y al mismo tiempo que en la mujer, de convivir con alguna de la misma o aproximada edad, también comienzan a parecer cambios que culturalmente se han achacado a la menopausia y que hoy sabemos más propios de los cambios sociales que de las verdaderas modificaciones físicas que la menopausia conlleva, pero estos no dejan de molestar físicamente y de producir cambios en la rutina sexual, afectiva y dinámica de la mujer y por tanto cambios en su pareja. Imagínense cuando estos Síndromes aparecen en ambos miembros de una pareja a la vez, él irritable y con pocas ganas de nada y ella con dolores de huesos y alteraciones del estado anímico. Una bomba.
En mi consulta he podido comprobarlo y he notado que efectivamente reponer la hormona deficitaria le sirve a algunos pacientes y a otros, como en el caso de alfunas menopausias no les sirve de nada. Pero esto
no debería darnos un motivo a todos los hombres para medicarnos tal y como lleguemos a los 50, los laboratorios farmacéuticos en su afán mercantilista así lo recomiendan, lo han hecho con las mujeres y durante años las terapias de reposición de hormonas les han hecho ganar ingentes cantidades de dinero. Calculen, veinte millones aproximados de mujeres en España por unos 20 años, desde los 45-50 hasta los 70-75 años que los podrían “necesitar”, a razón de 10-12 cajas de productos anuales y por una media de entre 10-20 euros cada caja, la suma es desorbitada. Así no es de extrañar que anden con la idea de convencernos de lo mismo, de que nosotros también lo “necesitamos”; la sustitución de hormonas es necesario solo en algunos casos tanto en hombres como en mujeres, pero no en todos y solo su médico y con comprobaciones analíticas debería recomendárselo. El resto de la ayuda que una persona necesita es la explicación detallada de cuantos cambios le están apareciendo y las nuevas habilidades para intentar manejar estos mismos.
Pero comentemos algo más de este síndrome, dicen que el hombre en este estado se siente, entre otros, con sexomanías o abúlico, irritable, frustrado, impaciente, acusador, hostil, con pérdidas de control de la agresividad… con rabietas… impenetrable (cara de piedra)… enojado (como forma de sentirse seguro)… superexigente con los demás.
Es curiosísimo, pero ¿no le suena?, me pregunto ¿puede ocurrirle esto no a una persona, si no a todo un partido?
Con lo de la cara de piedra, impenetrable, frustrado y siempre enojado e irritable no he podido dejar de reconocer a algunos de los desalentadores que actualmente están en la oposición ¿les hará falta reponer hormonas o serán votos lo que les falta? ¿Podrían los tratamientos hormonales conseguir que mejorasen su actitud ante la vida? ¿Qué dejasen de meterse con los demás y trabajasen para caminar hacia delante?
Desde luego en los casos individuales, que no colectivos, que sobre esto no se ha experimentado, estas circunstancias amargan al que las padece y a quien lo soporta. Bajan en autoestima, en búsqueda de placeres, de sexo, con lo que realmente se sienten poco gratificados y son poco gratificantes. Con tanta irritación y sentimientos negativos enmarañan su vida con conflictos que la mayoría de las veces solo existen en su cabeza. Su vida doméstica, social y afectiva se deteriora mucho. Ponen en duda lo ajeno y lo propio.
Desgraciadamente no siempre tiene una justificación tan fácil de comprobar como la que comentamos hoy, una simple bajada de testosterona. En ocasiones también frecuentes son el resultado de una forma de entender la vida, como poco placentera, poco hedonista y el resultado de un clima de pareja, de familia o de vida poco eficaz, en el que no se ha sabido encontrar la calma o el entendimiento con el otro/a.
Si al leer este artículo se ha identificado con algo de lo dicho, hágase una analítica y si esta no le dice que lo suyo es un síndrome del hombre irritable, pregúntese que podría hacer por mejorar su propio estado, pero desde si mismo. No le eche la culpa ni a su mujer, ni a sus hijos, ni al partido contrario. Haga un buen acto de autocrítica y seguro que encuentra un porqué.
Y si resulta que el análisis confirma una bajada de hormonas, alégrese la ciencia ha encontrado su remedio.
www.pedrovillegas.com

Si tiene usted más de 45-50 años y alguna vez se siente cansado, con menos ganas de vivir, con cambios de humor, y pérdida de deseo sexual, no es que el partido contrario a su ideología lo esté haciendo mal o que su equipo de liga favorito tenga la culpa, tampoco su compañera tendría por qué ser la culpable. En ocasiones nos dicen los científicos, puede ser que sus hormonas estén algo bajas. Esto que hasta hace poco algunos intuían, pero sin bases comprobadas, se ha venido a constatar por la Wellman Clinic de Londres, que nos dice que casi un 50% de hombres con 50 años presentan alguno de los síntomas de lo que se ha dado en llamar el Síndrome del Hombre Irritable o en España el Síndrome de Irritabilidad Masculina (SIM), es una bajada gradual de las cifras de testosterona en la sangre. Lo del título, el Grumpy man se refiere al enanito gruñón del cuento de Blancanieves. Y la verdad es que siempre me ha resultado muy cómico ese personaje a la vez que molesto, pues con sus formas de estar siempre conseguía amargar la escena y realmente nunca conseguía nada pues casi siempre su idea estaba equivocada. Pero este personaje no sólo está en ese cuento, casi todos los relatos antiguos o modernos ponen a un gruñón, del que todos acabamos riéndonos pues cuando nos damos cuenta que tal estado es permanente ocurra lo que ocurra solo produce lástima e hilaridad. Pero en la vida real no son estos los efectos que producen pues tener a tu lado a un irritable en nuestra convivencia diaria solo menoscaba nuestros esfuerzos y nuestra moral. Cuantas parejas han soportado los cambios psicológicos de sus compañeros con el estoicismo de quien camina bajo la tormenta porque no tiene más remedio. Cuantas no se han sentido con ganas de tirar la toalla y dejarlo todo.
Muchos hombres también han percibido estos cambios y han buscado ayuda sin conseguir dar con alguna clave que les permitiese entender lo que les ocurría y han terminado explicándose sus cambios de humor echándole la culpa a ella, o a los hijos o a los dolores de espalda…y en muchos casos al Gobierno. No podemos olvidarnos que estos cambios que describe el síndrome ocurren a la vez que otros propios de la edad y al mismo tiempo que en la mujer, de convivir con alguna de la misma o aproximada edad, también comienzan a parecer cambios que culturalmente se han achacado a la menopausia y que hoy sabemos más propios de los cambios sociales que de las verdaderas modificaciones físicas que la menopausia conlleva, pero estos no dejan de molestar físicamente y de producir cambios en la rutina sexual, afectiva y dinámica de la mujer y por tanto cambios en su pareja. Imagínense cuando estos Síndromes aparecen en ambos miembros de una pareja a la vez, él irritable y con pocas ganas de nada y ella con dolores de huesos y alteraciones del estado anímico. Una bomba.
En mi consulta he podido comprobarlo y he notado que efectivamente reponer la hormona deficitaria le sirve a algunos pacientes y a otros, como en el caso de alfunas menopausias no les sirve de nada. Pero esto
no debería darnos un motivo a todos los hombres para medicarnos tal y como lleguemos a los 50, los laboratorios farmacéuticos en su afán mercantilista así lo recomiendan, lo han hecho con las mujeres y durante años las terapias de reposición de hormonas les han hecho ganar ingentes cantidades de dinero. Calculen, veinte millones aproximados de mujeres en España por unos 20 años, desde los 45-50 hasta los 70-75 años que los podrían “necesitar”, a razón de 10-12 cajas de productos anuales y por una media de entre 10-20 euros cada caja, la suma es desorbitada. Así no es de extrañar que anden con la idea de convencernos de lo mismo, de que nosotros también lo “necesitamos”; la sustitución de hormonas es necesario solo en algunos casos tanto en hombres como en mujeres, pero no en todos y solo su médico y con comprobaciones analíticas debería recomendárselo. El resto de la ayuda que una persona necesita es la explicación detallada de cuantos cambios le están apareciendo y las nuevas habilidades para intentar manejar estos mismos.Pero comentemos algo más de este síndrome, dicen que el hombre en este estado se siente, entre otros, con sexomanías o abúlico, irritable, frustrado, impaciente, acusador, hostil, con pérdidas de control de la agresividad… con rabietas… impenetrable (cara de piedra)… enojado (como forma de sentirse seguro)… superexigente con los demás.
Es curiosísimo, pero ¿no le suena?, me pregunto ¿puede ocurrirle esto no a una persona, si no a todo un partido?
Con lo de la cara de piedra, impenetrable, frustrado y siempre enojado e irritable no he podido dejar de reconocer a algunos de los desalentadores que actualmente están en la oposición ¿les hará falta reponer hormonas o serán votos lo que les falta? ¿Podrían los tratamientos hormonales conseguir que mejorasen su actitud ante la vida? ¿Qué dejasen de meterse con los demás y trabajasen para caminar hacia delante?
Desde luego en los casos individuales, que no colectivos, que sobre esto no se ha experimentado, estas circunstancias amargan al que las padece y a quien lo soporta. Bajan en autoestima, en búsqueda de placeres, de sexo, con lo que realmente se sienten poco gratificados y son poco gratificantes. Con tanta irritación y sentimientos negativos enmarañan su vida con conflictos que la mayoría de las veces solo existen en su cabeza. Su vida doméstica, social y afectiva se deteriora mucho. Ponen en duda lo ajeno y lo propio.
Desgraciadamente no siempre tiene una justificación tan fácil de comprobar como la que comentamos hoy, una simple bajada de testosterona. En ocasiones también frecuentes son el resultado de una forma de entender la vida, como poco placentera, poco hedonista y el resultado de un clima de pareja, de familia o de vida poco eficaz, en el que no se ha sabido encontrar la calma o el entendimiento con el otro/a.
Si al leer este artículo se ha identificado con algo de lo dicho, hágase una analítica y si esta no le dice que lo suyo es un síndrome del hombre irritable, pregúntese que podría hacer por mejorar su propio estado, pero desde si mismo. No le eche la culpa ni a su mujer, ni a sus hijos, ni al partido contrario. Haga un buen acto de autocrítica y seguro que encuentra un porqué.
Y si resulta que el análisis confirma una bajada de hormonas, alégrese la ciencia ha encontrado su remedio.
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1 comentarios:
Es un excelente articulo, donde se abre la problematica masculina a varias causas y no la cierra en solo un hecho biologico. Lo cual en tiempos donde muchas veces se recurre al tratamiento magico de "tomar la pastillita", en vez de reflexionar un poco mas sobre uno mismo; es todo un merito. Gracias.
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