Autor:
Pedro Villegas Suárez
Qué tendrán que ver estos dos términos, en si mismos cada uno de ellos, si se les entienden dicen algo, pero unidos… a alguno quizá se le ocurran algunas cosas…hablar durante la relación, durante la conquista,…contárselo a alguna amistad, la charla de algún experto, alguna palabra más. Pero, ¿son suficientes como para merecer ser un título de sexualidad? Dado que no nos interesan los “aprenda a…” o “diez reglas para…”, ¿la comunicación en si misma es cómo para hablar de ella? o debemos pensar que esto de la comunicación es solo una moda de los sexólogos.
Recuerdo una ocasión en que un policía municipal, entrado en años, me llevaba en su coche a coger un tren tras recogerme en un curso sobre Educación Sexual que llevaba varios días impartiendo para los profesores de su pueblo, y me decía, “pues si que tiene usted que hablar “pa” una cosa que se aprende mirando a la ovejas…”.
En esto del sexo aprendimos que todo es bastante instintivo, que una mirada “lo dice todo”, que “sobran las palabras”, “…pues a mi me parece que si…que disfruta…”, y resulta increíble, a estas alturas del partido, pensar todavía en ellos, los instintos, como algo que por haber sido animales una vez aún tenemos, hace tiempo que estos se acabaron. Explíquenme si no el instinto de supervivencia en una carretera de vuelta de una playa cualquiera, o el de defensa de las crías frente a una pantalla de tv con la cara de un niño Somalí, o el instinto de reproducción mientras miras las cuentas del banco. Realmente resulta difícil mantener la idea de que algún instinto pervive y sin embargo muchos así nos justificamos, en base a ellos contamos alguna de las experiencias de nuestras vidas, justificamos muchos errores sobre todo usándolos a ellos, los instintos, pues si de éxito se trata la mayoría lo achaca a la inteligencia. El instinto hace que mucho hombre ante el deseo de otra mujer se autojustifique con aquello de si mi mujer no me da lo que “necesito”, como si realmente el hacer una determinada conducta, por ejemplo que le chupen los genitales, que es lo que la mayoría de los consumidores de prostitución piden cuando pagan, fuese una necesidad vital. O la connivencia frente al hecho de la violencia frente a la mujer, otro instinto.
La comunicación parece que ya no necesita más defensa, de alguna manera todos hemos aprendido que esta es muy importante y necesaria, sin embargo y tal y como van las cosas no podemos dejar de preguntarnos si de verdad hemos conseguido algo.
La comunicación entre personas tiene una dinámica que conviene comprender, veamos: yo hablo lo que pienso, y pienso lo que se, es decir dependiendo del mi vocabulario así podré explicar mejor unas cosas y otras no
(lean La inteligencia fracasada de J.A. Marina). Cuantos hombres son capaces de llevarse horas hablando de cómo el balón se paseó por campo de juego y sin embargo a la hora de explicar sus sentimientos no tienen ni una palabra o a lo sumo un par de ellas. El pensamiento se nutre del conocimiento y no basta con los sentimientos. Estos pueden ser muy buenos, pero si no los sabemos explicar, la otra persona quizás no se entere nunca de lo que sentías por ella. Cuando por fin, y seguimos con la explicación, nuestras palabras salen de nuestros labios, el oído de la otra persona, la que nos escucha, lleva esas palabras a su propio cerebro donde el mensaje va a ser decodificado y traducido a las palabras de la propia persona, lo que también depende del conocimiento que esta persona tenga y de la concepción del mundo que se haya creado. Al final el resultado es que de diez palabras que emitimos, llegan cuatro o cinco y reinterpretadas, con lo que la comunicación se podría entender como un fracaso en más de una ocasión.
Estamos cansados de ver como en política, los intereses y la concepción que cada partido tiene del mundo hace verdaderamente imposible que se comuniquen y lleguen a acuerdos que podrían beneficiar a muchos.
En los tiempos que corren se habla muchísimo de que estamos en la era de la comunicación, se dice, “nunca había habido tantas posibilidades de comunicarse”.
Y yo me pregunto, ¿es la era de la comunicación o de los medios comunicativos?. Si que entiendo que jamás habíamos tenido tantos medios, podemos hablar con nuestros antípodas con la misma facilidad que con un vecino, creo que incluso más. Jamás nos gastamos tanto dinero, a niveles domésticos, en tener tanto medio de comunicación. Repasemos: televisiones (cientos de canales), radios (ídem), prensa hasta gratis en las calles, miles de revistas especializadas en los kioscos, Internet en muchas casas y al alcance de cualquiera, teléfonos fijos y varios móviles en casi todas las familias. Un dineral, si le echamos los números. Y yo le pregunto, ¿sabe usted algo de los suyos?, ¿donde están ahora?, ¿a que están dedicando su tiempo libre?, ¿qué aficiones tiene su hijo/a?. ¿Sabe usted lo que de verdad ha pasado en Irak?, ¿qué está ocurriendo con el petróleo?. Ni en lo domestico ni en lo mundial sabemos, mucha información, pero poca verdad y muy difícil explicación. Cuando algún experto nos explica desde algún medio su versión de lo ocurrido con algún suceso, entendemos que en realidad nuestras ideas estaban equivocadas por que no conocíamos lo que se cocía tras el hecho. Hace poco un jefe de la Iglesia explicaba en Tv que “su” radio era necesaria para que sus oyentes estuviesen bien enterados de lo que sucedía en España, pues con las otras cadenas solo conocían mentiras.
Pues bien, llevándonos este problema al tema que nos interesa en esta sección, les recuerdo que esto es un artículo sobre sexualidad, a ver quien es el guapo o guapa que se entera de verdad de lo que hay en esto del sexo.
Si en generaciones anteriores para saber como era una mujer desnuda teníamos que recurrir a los cuadros de Rubens de las enciclopedias, o para que una chica supiera lo que eran sus genitales tenía que atreverse a mirar algún libro de ginecología, con lo feas que son algunas de sus ilustraciones. Hoy día basta con apretar en “acepto” y ya lo hemos visto todo. ¿Todo?
En los medios actuales hay una ficción de lo que lo que son los cuerpos, ¿sabían ustedes que los hombres pudiésemos tener tanto bulto muscular?, ¿han visto alguna vulva recientemente con todos sus pelitos?, ¿alguna relación de personas normales?, ¿algún libro sobre educación sexual?.
En mi consulta donde el nivel de conocimientos de las personas se vuelve importante para resolver sus propios problemas, descubro día tras día y con tristeza que cada vez se sabe menos, cada vez hay más gente convencida de tonterías o falsedades serias. Y casi todo en aras del comercio. Cada emporio, ha creado su propio canal, para que los suyos sepan la “verdad”, es decir su verdad. Muchos de estos con un apoyo económico tremendo que hace imposible a los demás mantener sus verdades.
Y así estamos fabricando un universo donde los más jóvenes están más que perdidos, con un momento histórico donde las chicas se han liberado y ejercen sus derechos, ellos están “acogotados” por no poder dar la talla. Ellas diciendo hazme disfrutar como vemos en las pelis, y ellos temblando por no saber como hacerlo. Hace falta mucha “potencia” para eso. Se espera que un chico que practica su primera relación en pareja sepa hacerlo como si de Casanova se tratase. Hablo de los más jóvenes por no nombrarnos a todos, pues en medio de tanta comunicación el desconocimiento en materia de sexualidad cada vez es mayor. Los más jóvenes hablan de esto más que los mayores, se les ha enseñado a ser sinceros y lo practican, el problema es que el conocimiento no los acompaña. Y cuando tratan de informarse hay tantas mentiras en los medios que se confunden, y ya se sabe ante la confusión uno sale por donde sus entendederas le permiten.
Hablen, hablen con sus parejas, sus hijos e hijas, amigos, vecinos, compañeros de chat, etc. pero hablen de la verdad, de lo que sienten, de lo que padecen o disfrutan. Si no saben usen a los expertos, ahí están. Pero no sigan sufriendo por algo tan sencillo como es el juego de la sexualidad humana.
Editado en Cuadernos para el Diálogo
Pedro Villegas Suárez
Qué tendrán que ver estos dos términos, en si mismos cada uno de ellos, si se les entienden dicen algo, pero unidos… a alguno quizá se le ocurran algunas cosas…hablar durante la relación, durante la conquista,…contárselo a alguna amistad, la charla de algún experto, alguna palabra más. Pero, ¿son suficientes como para merecer ser un título de sexualidad? Dado que no nos interesan los “aprenda a…” o “diez reglas para…”, ¿la comunicación en si misma es cómo para hablar de ella? o debemos pensar que esto de la comunicación es solo una moda de los sexólogos.
Recuerdo una ocasión en que un policía municipal, entrado en años, me llevaba en su coche a coger un tren tras recogerme en un curso sobre Educación Sexual que llevaba varios días impartiendo para los profesores de su pueblo, y me decía, “pues si que tiene usted que hablar “pa” una cosa que se aprende mirando a la ovejas…”.

En esto del sexo aprendimos que todo es bastante instintivo, que una mirada “lo dice todo”, que “sobran las palabras”, “…pues a mi me parece que si…que disfruta…”, y resulta increíble, a estas alturas del partido, pensar todavía en ellos, los instintos, como algo que por haber sido animales una vez aún tenemos, hace tiempo que estos se acabaron. Explíquenme si no el instinto de supervivencia en una carretera de vuelta de una playa cualquiera, o el de defensa de las crías frente a una pantalla de tv con la cara de un niño Somalí, o el instinto de reproducción mientras miras las cuentas del banco. Realmente resulta difícil mantener la idea de que algún instinto pervive y sin embargo muchos así nos justificamos, en base a ellos contamos alguna de las experiencias de nuestras vidas, justificamos muchos errores sobre todo usándolos a ellos, los instintos, pues si de éxito se trata la mayoría lo achaca a la inteligencia. El instinto hace que mucho hombre ante el deseo de otra mujer se autojustifique con aquello de si mi mujer no me da lo que “necesito”, como si realmente el hacer una determinada conducta, por ejemplo que le chupen los genitales, que es lo que la mayoría de los consumidores de prostitución piden cuando pagan, fuese una necesidad vital. O la connivencia frente al hecho de la violencia frente a la mujer, otro instinto.
La comunicación parece que ya no necesita más defensa, de alguna manera todos hemos aprendido que esta es muy importante y necesaria, sin embargo y tal y como van las cosas no podemos dejar de preguntarnos si de verdad hemos conseguido algo.
La comunicación entre personas tiene una dinámica que conviene comprender, veamos: yo hablo lo que pienso, y pienso lo que se, es decir dependiendo del mi vocabulario así podré explicar mejor unas cosas y otras no
(lean La inteligencia fracasada de J.A. Marina). Cuantos hombres son capaces de llevarse horas hablando de cómo el balón se paseó por campo de juego y sin embargo a la hora de explicar sus sentimientos no tienen ni una palabra o a lo sumo un par de ellas. El pensamiento se nutre del conocimiento y no basta con los sentimientos. Estos pueden ser muy buenos, pero si no los sabemos explicar, la otra persona quizás no se entere nunca de lo que sentías por ella. Cuando por fin, y seguimos con la explicación, nuestras palabras salen de nuestros labios, el oído de la otra persona, la que nos escucha, lleva esas palabras a su propio cerebro donde el mensaje va a ser decodificado y traducido a las palabras de la propia persona, lo que también depende del conocimiento que esta persona tenga y de la concepción del mundo que se haya creado. Al final el resultado es que de diez palabras que emitimos, llegan cuatro o cinco y reinterpretadas, con lo que la comunicación se podría entender como un fracaso en más de una ocasión.Estamos cansados de ver como en política, los intereses y la concepción que cada partido tiene del mundo hace verdaderamente imposible que se comuniquen y lleguen a acuerdos que podrían beneficiar a muchos.
En los tiempos que corren se habla muchísimo de que estamos en la era de la comunicación, se dice, “nunca había habido tantas posibilidades de comunicarse”.
Y yo me pregunto, ¿es la era de la comunicación o de los medios comunicativos?. Si que entiendo que jamás habíamos tenido tantos medios, podemos hablar con nuestros antípodas con la misma facilidad que con un vecino, creo que incluso más. Jamás nos gastamos tanto dinero, a niveles domésticos, en tener tanto medio de comunicación. Repasemos: televisiones (cientos de canales), radios (ídem), prensa hasta gratis en las calles, miles de revistas especializadas en los kioscos, Internet en muchas casas y al alcance de cualquiera, teléfonos fijos y varios móviles en casi todas las familias. Un dineral, si le echamos los números. Y yo le pregunto, ¿sabe usted algo de los suyos?, ¿donde están ahora?, ¿a que están dedicando su tiempo libre?, ¿qué aficiones tiene su hijo/a?. ¿Sabe usted lo que de verdad ha pasado en Irak?, ¿qué está ocurriendo con el petróleo?. Ni en lo domestico ni en lo mundial sabemos, mucha información, pero poca verdad y muy difícil explicación. Cuando algún experto nos explica desde algún medio su versión de lo ocurrido con algún suceso, entendemos que en realidad nuestras ideas estaban equivocadas por que no conocíamos lo que se cocía tras el hecho. Hace poco un jefe de la Iglesia explicaba en Tv que “su” radio era necesaria para que sus oyentes estuviesen bien enterados de lo que sucedía en España, pues con las otras cadenas solo conocían mentiras.Pues bien, llevándonos este problema al tema que nos interesa en esta sección, les recuerdo que esto es un artículo sobre sexualidad, a ver quien es el guapo o guapa que se entera de verdad de lo que hay en esto del sexo.
Si en generaciones anteriores para saber como era una mujer desnuda teníamos que recurrir a los cuadros de Rubens de las enciclopedias, o para que una chica supiera lo que eran sus genitales tenía que atreverse a mirar algún libro de ginecología, con lo feas que son algunas de sus ilustraciones. Hoy día basta con apretar en “acepto” y ya lo hemos visto todo. ¿Todo?
En los medios actuales hay una ficción de lo que lo que son los cuerpos, ¿sabían ustedes que los hombres pudiésemos tener tanto bulto muscular?, ¿han visto alguna vulva recientemente con todos sus pelitos?, ¿alguna relación de personas normales?, ¿algún libro sobre educación sexual?.
En mi consulta donde el nivel de conocimientos de las personas se vuelve importante para resolver sus propios problemas, descubro día tras día y con tristeza que cada vez se sabe menos, cada vez hay más gente convencida de tonterías o falsedades serias. Y casi todo en aras del comercio. Cada emporio, ha creado su propio canal, para que los suyos sepan la “verdad”, es decir su verdad. Muchos de estos con un apoyo económico tremendo que hace imposible a los demás mantener sus verdades.
Y así estamos fabricando un universo donde los más jóvenes están más que perdidos, con un momento histórico donde las chicas se han liberado y ejercen sus derechos, ellos están “acogotados” por no poder dar la talla. Ellas diciendo hazme disfrutar como vemos en las pelis, y ellos temblando por no saber como hacerlo. Hace falta mucha “potencia” para eso. Se espera que un chico que practica su primera relación en pareja sepa hacerlo como si de Casanova se tratase. Hablo de los más jóvenes por no nombrarnos a todos, pues en medio de tanta comunicación el desconocimiento en materia de sexualidad cada vez es mayor. Los más jóvenes hablan de esto más que los mayores, se les ha enseñado a ser sinceros y lo practican, el problema es que el conocimiento no los acompaña. Y cuando tratan de informarse hay tantas mentiras en los medios que se confunden, y ya se sabe ante la confusión uno sale por donde sus entendederas le permiten.
Hablen, hablen con sus parejas, sus hijos e hijas, amigos, vecinos, compañeros de chat, etc. pero hablen de la verdad, de lo que sienten, de lo que padecen o disfrutan. Si no saben usen a los expertos, ahí están. Pero no sigan sufriendo por algo tan sencillo como es el juego de la sexualidad humana.
Editado en Cuadernos para el Diálogo
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