No hay peor sordo que el que no quiere oír
Pedro Villegas Suárez
El número de abortos ha aumentado progresivamente desde la aprobación de la Ley Orgánica de julio de 1985 de despenalización en España. Así, en 1987 se produjeron 17.180, que se elevaron a 37.135 en 1990; a 45.503 en 1993, a 51.002 en 1996; a 58.399 en 1999, a 69.857 en 2001 y a 79.788 en 2003. (Prensa Dic. 2005)
Las cifras están claras, aumentan y no paran de hacerlo, me atrevo a predecir que seguirán aumentando, salvo que algún milagro no divino ocurra.
No hace falta ser muy listo para ver como la sexualidad ha cambiado de formas y contenido. La juventud actual vive la sexualidad de forma bastante distinta a la de sus padres. Una generación ha bastado para, desde este termómetro social que es el trabajo diario con adultos y jóvenes en temas de sexualidad, observar unos cambios drásticos en las conductas de la población en general.
La sexualidad se ha comercializado, ha pasado de ser un valor humano libre a ser objeto de consumo, una generación lo ha demostrado, nuestros jóvenes, salvo las siempre recurrentes excepciones, se han encontrado con la sexualidad igual que con el ocio, todo un mundo de posibles “experiencias” al alcance de cualquiera”. Basta con tener dinero y quererlo vivir, aunque no sepas el porqué lo quieres. Lo ofrecen y punto. Si está ahí será porque es bueno y divertido. Tienen prisas por vivir y algunos a los 20 andan diciendo haberlo vivido “todo”, hace poco un joven en la consulta me decía, yo ya lo he hecho hasta con una negra, como si de un limite erótico se tratase.
Muchas economías se basan en la venta de sexo, sería interminable enumerarlas y creo que innecesario, unos más y otros menos todos tenemos una idea de al menos diez o doce negocios. Y casi todos los meses oímos uno nuevo. ¿Usted no recibe el bombardeo de e-mails invitándole a comprar Viagra?, es exasperante, el sexo está ahí, presente en casi todo lo impreso o digital, podría ser divertido de no ser porque en realidad estamos contribuyendo entre todos, a numerosos problemas y uno es el que encabeza este artículo. Hoy todos nos hablan de una sexualidad muy positiva siempre hay algún “experto” capaz de aconsejarnos un aparatito o un truco para conseguir que todas las personas a las que se lo apliquemos quedarán rendidos/as a nuestros pies, sin embargo la mayoría de estos consejos son procoitales, es decir solo llevan a esa práctica, no hay imagen publicitaria de sexo que no hable de lo mismo, culos anónimos que se ofrecen, siliconas envueltas en piel bronceada, mecanismos agrandadores de penes, músculos testosterónicos, bocas y lenguas rojas. Todos y todas deseándote, esperándote, ofreciéndote, y por supuesto cobrándote. Curiosamente en todas las imágenes se da la idea de sexo “completo” que implica la eyaculación en la mujer, sea su vagina, su cuerpo o su cara. En ninguna imagen se usan preservativos. En ninguna la chica o el chico dice que no a alguna idiotez que se le ha ocurrido al otro, siempre acepta. Para colmo la Medicina, siempre alerta, propone un recurso para después del coito, con lo que está claro lo absurdo de plantearse nada. Ya se tomará ella algo, me dicen que es más divertido “hacerlo” sin control, hasta donde me de la gana y luego me ofrecen una solución a mi falta de control. Para que ejercerlo. No lo hacemos los adultos, que se nos supone más pensadores o al menos más responsables, ¿cómo podemos esperar que unas charlas o unos folletos consiga que lo hagan los más jóvenes? No les echo las culpas, estas son nuestras exclusivamente. Hace poco leía las declaraciones de un joven: EL juego para mi es muy importante me gusta mucho empezar todo muy suavemente…besos por el cuerpo, cuello , hacer caricias , y de apoco ir dejando de lado la suavidad y empezar a mostrar quien manda, agarrando un poco mas fuerte….sin lastimar ,pero que se sientan dominadas en el sentido físico. Si ella se resiste un poco, mejor. Quién le ha contado a este chico esta tontería, ¿su padre? ¿su profesor? Seguro que lo ha visto en las películas o ha leído alguna de las muchas webs que andan por ahí. Lo triste es que además alguna chica está dispuesta a ser una buena amante con esta teoría.
El sexo se ha vuelto tan rentable como para que en nuestra sociedad nos planteemos que poniendo cara de “c… con el gobierno” lo tenemos resuelto. Cómo vamos a plantearnos intentar siquiera acabar con esto, con lo mal que quedaría uno delante de sus hijos prohibiendo una revista infantil o juvenil dónde aparecen muchos de estos anuncios. Cómo le decimos a un amigo que por mi quitaría toda la pornografía de en medio, seguramente se nos tacharía de retro, católico o sencillamente maricón. Y ya se sabe, cualquier cosa menos que piensen de mi eso. El mercado ha sabido agarrarnos por los genitales y volvernos contra él se acaba volviendo contra nosotros mismos.
En mis primeros años de carrera un Profesor de Anatomía Patológica, nos contaba alucinándonos como realmente era más rentable no vacunar a toda la población contra la Polio ya que desarmar todo lo que entre Laboratorios y Sanidad habían gastado para atender a los enfermos por esta enfermedad salía más caro. Más tarde lo hemos ido comprobando pues la historia del ser humano es muy repetida, que estas cosas se hacen y las permitimos. Ocurre a grandes niveles y entre empresas con capitales superiores a nuestro PIB a las que no nos atrevemos a tocar, con la de “regalos” que hacen, y ocurre también en nuestras casas y en nuestras vidas. Unas las aceptamos por que nos gustan y nos resulta difícil vivir sin ellas (el sofá nos destroza la columna y ahí está) y otras no nos gustan pero las consideramos inevitables. Cómo inevitable le resultaba a la madre de mi amigo Enrique maldecir a los que no vacunaron a su hijo en época de vacunas para unos pocos, desgraciadamente las maldiciones son pequeños vientos envenenados que no llegan a los pulmones de quienes las provocan.
Intentar acabar con, por ejemplo, la pornografía a la vista en los kioscos o en la red, resulta casi impensable. Quién empieza y por dónde. Si todos pensamos que es inevitable acaba siéndolo.
Hace unos días mi hijo me contaba como un profesor les había puesto en clase la película de Camarón, fantástico de no ser porque al profesor no se le ocurrió considerar que la piratería de películas es un delito, que está costando muchísimo dinero a quienes él pretende ensalzar y se bajó su peliculita con su “mula”, para terminar además proyectándola en un aula. Para este profesor está claro que la piratería es “inevitable”, con lo que el buen hombre, educador por cierto, se ha rendido a los pies del coloso y se une al gremio de los pirateando.
Así vamos todos o casi, aceptando lo “inevitable”. De esta forma los abortos seguirán aumentando, las edades de los mismos seguirán para abajo y nosotros nos conformaremos con aquellos de “es que los jóvenes… ya se sabe”.
Con los abortos se podría, como con casi todo, intentar detener el proceso, incluso revertirlo. Pero para ello hace falta que quienes mandan se tomen su trabajo en serio, asuman su responsabilidad, que es por lo que cobran y actúen en conciencia.
Lo que decía al principio, un milagro no divino.


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