07 junio 2006

Resumen impresionista y sexológico de la sexualidad de una generación








Corrían los “felices” 70 y la generación de jóvenes que ahora somos los adultos que sostenemos mejor o peor este país, vivíamos alegremente nuestra sexualidad. Esta, buena o mala era la que teníamos en aquellos momentos, cansados de tanta moral católica obligada y empezando a volver a oír las voces del extranjero, aunque para nosotros era la primera vez que oíamos hablar de la Suecia “Infierno y Paraíso”, de la libertad sexual o de los movimientos “hipies”. A los chicos nos movía el morbo de nuestras fantasías, estas tenían una distancia enorme entre lo fantaseado y lo vivido por ello ese morbo era también grande; ellas en aquel momento algo más alejadas de las fantasías eróticas, una buena chica no debía pensar en aquellas cosas. En fin eran momentos de muchas fantasías, pocas conductas y menos anticonceptivos. Los preservativos se adquirían a escondidas de la policía moralista en las barberías, los óvulos espermicidas se traían de contrabando de Portugal junto con el café torrefacto y de las píldoras se empezaban a oír como las francesas las consumían y vivían mejor su sexualidad.
En esta España de las mil morales, las familias que tenían dinero no solo nos dictaban su moral, católica integrista, sino que además nos daban envidia pues compraban las famosas píldoras y aparentemente nos les pasaba nada. Frente a la campaña promovida por el “movimiento inmovilista” en contra de la planificación y que los médicos y sacerdotes apoyaban con las mentiras que fuesen necesarias, se empezaba a vislumbrar que algo ocurría entorno al sexo. Aunque de esto éramos conscientes pocos y pocas, en aquellos momentos cualquier noticia provenía de las ondas radiadas y se convertían con facilidad en mitos o leyendas urbanas.
Más tarde vinieron las realidades de una sexualidad confundida, “descompuesta”, dañada por años de represión en un mundo que a pesar de los gobernantes comenzaba a expandirse, la libertad sexual, la liberación femenina, tenían incluso nombre propio, y la Iglesia le daba entidad propia de grandes pecados, quien pensara a favor de alguna libertad era pasado al listado de los vigilados, rojos o simplemente intelectuales, hoy relativistas. Por suerte para algunos y algunas también se volvía eje de sus modelos de existencia, pero los menos atrevidos veíamos como en realidad aquellos que sí se atrevían con los nuevos modelos no acababan de encontrar tampoco la supuesta felicidad de un mundo lleno de libertades.
Pero ahí no terminó la historia, de un inicio de libertades se pasó a la era de la comunicación sin dar tiempo a consolidar ningún modelo, comenzaron a aparecer científicos que sin enfrentarse a modelos moralistas intentaban explicar el hecho sexual (Master y Johnson, Kaplan, Hite, etc.), el feminismo recibió la grata noticia de que las mujeres tenían clítoris y que además su cerebro se parecía bastante al del hombre, aunque siempre con alguna deficiencia, lo podían hacer todo aunque con limitaciones, los hombres comenzamos a darnos cuenta de que efectivamente nuestras mujeres pensaban, e introducir estos conceptos en las fantasías sexuales del momento le costó a más de una pareja la separación, se planteaban nuevos mitos: el orgasmo simultáneo, la multiorgasmia, el coito como único elemento “verdaderamente” sexual, (mitos en aquel momento pues una mujer educada en los modelos de los 60-70 difícilmente podía llegar a un orgasmo cuanto más al famoso multi), es decir nos cogió a todos con el culo al aire en nuestras nuevas experiencias. Un poco más tarde comenzaron a aparecer cientos de modelos de conductas sexuales nuevas, distintas, fáciles, envueltos y multidimensionados en las nuevas tecnologías. Desgraciadamente para unos y unas y afortunadamente para menos, estos cambios llegaron algo tarde, con lo que para la generación que vivió estos cambios la tónica general fue de frustración para unos y conformismos para otros, encuentros con sus fantasías para menos y muchos otros efectos disfuncionales o alteraciones para bastantes.
Llega el siglo XXI y con él un “milagro” de la ciencia, la droga de la eterna juventud, la potencia llevada a los altares, he oído a los dictadores morales quejarse de los preservativos, o de cualquier cosa que favorezca la tranquilidad reproductiva de la mujer pero no se han pronunciado contra las “viagras”, quizás alguna nota aislada, un comentario, pero nada de prohibirla o estigmatizarla.
Estos fármacos han dividido a la propia Sexología, pues los que sosteníamos la necesidad de continuar con los modelos educativos que permitieran alcanzar la tan ansiada Igualdad, y los y las luchadoras del feminismo nos encontramos con el cambio radical de objetivos. Una especialidad, la sexológica, muy comprometida, en sus inicios con lo social, con la búsqueda utópica de la felicidad humana, con las modificaciones de actitudes y conductas, se encontraba de golpe atrapada por las grandes multinacionales de la farmacología, que montaba Congresos a golpe de Euro y en los que los temas dejaban de ser la sexualidad humana para convertirse en la fisiología sexual humana y donde el machismo se reforzaba con la maravillosa pastilla que permitía al hombre que, aún no aceptaba a su compañera como una igual, se permitiera el emular las “proezas” de sus actores del porno. Ya no te quiero pero puedo seguir penetrándote más y mejor. Aunque hubiésemos hablado mil veces de la poca importancia de la penetración, de la poca o ninguna importancia de los tamaños, de la mucha importancia de los afectos, de los respetos mutuos y propios, de los juegos eróticos. Todo esto y algunas más cosas desaparecieron de pronto, ya no importaba nada de ello. Se había conseguido “lo más importante” el sueño del machismo, un fármaco para conseguir que las fantasías, pornográficas ya a estas alturas, se hicieran realidad. Fantasías de hombres y también de mujeres influenciadas como no por los mismos recursos, de coitos interminables, con penetraciones que rayan lo circense y que a unas dejan frías y a otras un tanto decepcionadas pues a pesar del logro del hombre ellas no consiguen entender como penetrándola tanto tiempo y con tanto brío aún no llegan al famoso orgasmo o multiorgasmo, con lo que de nuevo ellas comienzan a asumir su culpa (destino bíblico de la mujer), de inexperta, frígida o con los nuevos diagnósticos, anorgásmicas o insatisfechas sexuales.
Así que en este “impresionista” resumen de treinta y tantos años, el hecho sexual para la generación que nos tocó vivir los coletazos del franquismo, la permanencia de la Iglesia con su inmovilismo histórico, la aparición de medios informativos cada vez más rápidos, personales y globalizadores, y la aparición de cambios muy rápidos: liberación e incorporación laboral de la mujer, la liberación gay, los fármacos, el porno a medida en la propia casa gracias a la informática, los locales donde todo vale, sin tiempo de asentamiento para ninguno de ellos; los grandes cambios requieren en ocasiones de siglos para que tomen cuerpo y se introduzcan en el entramado social y personal, y estos cambios lo hemos vivido en décadas, ha conseguido que seamos unas personas con una sexualidad conflictiva en muchos casos, vivida con la mentira piadosa de quien cree que comprando lo último anunciado se ha de sentir feliz.

La generación que empieza en este instante se encuentra con modelos de conducta y actitudes frente a la sexualidad absolutamente producto del caos que les hemos dejado, en el Teléfono de Información Sexual para Jóvenes de la Junta de Andalucía donde trabajo y en mi consulta me encuentro con auténticos personajes surrealistas que integran los modelos nuevos, el porno a destajo con la mitología antigua unida a la moderna, como el caso de las chicas liberadas que mantienen relaciones con cualquiera y que con ninguno disfruta, o los chicos que están siempre apenados con no tener dinero para comprarse un pene mayor y que aguante como dios manda, ellas esperando que los laboratorios les vendan alguna vez un producto que las haga desear lo indeseable, tragar lo intragable y soñar con que ellas también pueden llegar a lo que los chicos, pues a pesar de todo las diferencias se han mantenido en las consciencias. Es decir pocas fantasías, muchas conductas y pocas satisfacciones. Y todo esto producto a su vez de la educación moral que nos tocó vivir a esa generación que corría en los 70 delante de los “grises” y detrás de las faldas, que por mandato divino no podían correr ni delante de la sociedad ni detrás de los pantalones.

Pedro Villegas Suárez
Médico y Sexólogo
Abril de 2005