rincon sexologico

Artículos de opinión sobre la sexualidad humana y la sexología desde distintas perspectivas, médica, psicológica, educativa, social, etc...

21 septiembre 2006

EL ESTRÉS Y LA SEXUALIDAD EN HOMBRES Y MUJERES

Pedro Villegas Suárez


Actualmente no es raro encontrar uno o dos casos diarios de personas que acuden a la consulta por alguna disfunción y que tras un breve análisis esta está totalmente relacionada con una situación de estrés cotidiano. Me refiero por cotidiano a esa situación permanente que hoy día la mayoría sufrimos casi sin darnos cuenta. De hecho muchas de estas personas al comentarles que es muy posible que sea el estrés quién les está provocando la disfunción comentan que no, que ellos no están estresados.
Consideramos normal y por tanto no estresante, levantarnos temprano para casi sin desayunar, un importante número de personas no lo hacen, coger el coche e introducirnos en la jungla de asfalto, en la que rumiantes y depredadores se mezclan y a gritos y zarpazos conseguir una plaza de aparcamiento lo más cerca del trabajo para nuestro “bendito” coche; instantes después nuestro jefe nos dice que tenemos que terminar el trabajo ayer para que el pueda presentarlo hoy a las 14 horas, pues si no no habrá dinero para poder cobrar y por tanto nuestro “querido servicio bancario” se verá en el terrible compromiso de quedarse con nuestro único bien terrenal, nuestra vivienda.
Al terminar esta parte de la jornada vuelta a la jungla asfáltica que en estos momentos se recrudece pues la mayoría de los usuarios de la misma lleva ya algunos tiros dados y entre el miedo a perder algunos puntos y a que alguien te los dé o a ti o a tu amado coche las hormonas de supervivencia se disparan.
Llegamos a casa con los humos en la boca y nos comemos el almuerzo mientras el telediario nos cuenta el número de cayucos, de muertos en la carretera y el de obuses que han caído en Beirut, con su correspondiente números de muertos civiles y alguna que otra bomba en Irak, para rematar con algunos de los “dulces” comentarios apocalípticos del señor Rajoy y con el notición final de que mañana más calor. Último bocado y al coche de nuevo a terminar la jornada o al segundo trabajo para muchos. Más tráfico, más jefe y más darnos cuenta de que no llegamos a guardar nada de nuevo en nuestra aburrida cuenta de ahorros.
El final del día transcurre en un plácido banco del parque desde donde vigilamos a nuestros hijos que, incansables, juegan hasta tu hora de acostarte.
Y aquí llega el tan temido momento, -dios mío, ¿me pedirá sexo mi pareja ahora?, no tengo ganas ninguna pero es que hace un mes que no lo hacemos, claro será que ya no me quiere, ¿o será que ya no amo yo? No eso no, seguro que es el cansancio, verás como en vacaciones nos recuperamos. ¡Ahhh, las vacaciones!, la playa, el descanso, los gintonics a la luz de la Luna.
Llega el verano y “falconviajes” te dice viaje ahora y pague después, la playa hasta los botes de gente te hace buscar una plaza de aparcamiento lo más lejos de la playa, a la que se accede tras un par de berrinches de tus hijos por no comprarles esa tontería de chisme que el “amable” quiosquero le ha ofrecido. Allí tu media naranja se tumba y tu día transcurre en un plácido banco del parque una incómoda toalla desde donde vigilamos a nuestros hijos que, incansables, juegan hasta tu hora de acostarte.
Cuando te vienes a dar cuenta los 24 días de vacaciones han pasado y tu solo has tenido un par de noches para intentar que tu disfunción no aparezca.
-El mes de Septiembre, la consulta es un hervidero de personas estresadas y desencantadas de las vacaciones-.
Bien, pues ha todo este relato muchas personas lo llaman “placida vida cotidiana”.
Nuestra fisiología hace tiempo que ante situaciones así responde con un mecanismo de adaptación que hemos llamado estrés, se trata de un mecanismo de supervivencia que puede aparecer de forma aguda y sería un estrés traumático o de forma continua y llamarse estrés cotidiano. Dice el Dr. Daniel Sidelski en su artículo Manifestaciones del estrés: “El problema consiste, en que se procede a activar un sistema de respuesta que, si bien es sumamente efectivo a la hora de resolver situaciones en el plano biofísico, no lo es de igual modo respecto a las situaciones psicosociales. Es como si la evolución sociocultural, se hubiese producido a un ritmo que el sistema neurobiológico no ha podido alcanzar por el momento, razón por la cual, ante una situación demandante de acciones especiales de afrontamiento, el organismo activa todo una serie de sistemas para afrontar dicha situación mediante acciones musculares intensas y potentes.”
Entre sus efectos en el organismo están: musculatura en general y más concreta en cuello y espalda contraídas, -para favorecer los movimientos rápidos necesarios en la situación de estrés; garganta lista para efectuar gritos (las cuerdas vocales son músculos); corazón y arterias con aumento de presión para hacer llegar más sangre a sus destinos; aumento de la frecuencia respiratoria (es necesario un mayor aporte de oxígeno); sistemas digestivos y sexual, se inhiben su funcionamiento para que no molesten en el afrontamiento del estrés; y por último el sistema endocrino que libera y regula algunas hormonas, así se reduce la testosterona y se aumenta la prolactina, estas vitales en la sexualidad pues la primera nos la promueve y la segunda nos la limita haciendo que el deseo casi desaparezca y la excitación se vuelva mucho más lenta.
Comenta también Sidelski, “La activación del organismo es una reacción que busca generar una respuesta rápida, intensa y limitada en el tiempo, con el objeto de resultar exitoso básicamente en el plano biofísico. Dicha activación, para resultar biológicamente viable no puede extenderse en el tiempo por tiempo indefinido. Si el organismo no resuelve con éxito en un período determinado, la activación finaliza de todos modos en un estado de extenuación por agotamiento.”
El estrés no es una enfermedad, es un proceso adaptativo y está claro que no nos hemos adaptado, vivir la sexualidad ahí en medio de ese caos social que es lo cotidiano se hace casi imposible a menos que sepamos buscarnos recursos eróticos que nos ayuden a usar el sexo como una vía de descanso y no como esa otra competición en la que nos hemos embarcado, sobre todo los hombres, pues en este sentido la mujer es o era más relajada. Pretender vivir un día “normal” como el expuesto y terminarlo con una escena de sexo “fuerte” es otra de esas locuras que estresan en vez de relajarnos.
Por dar una idea, por qué no, cuando durmamos al niño, apagamos la tele, llenamos la bañera y nos metemos los dos a masajearnos un rato, acariciarnos, contarnos tres tonterías de las sufridas durante el día y si se incluye un orgasmo manual bien y si no también. Ya me contareis que ocurre…

www.pedrovillegas.com