rincon sexologico

Artículos de opinión sobre la sexualidad humana y la sexología desde distintas perspectivas, médica, psicológica, educativa, social, etc...

16 diciembre 2006

La comunicación hablada en sexualidad

Pedro Villegas Suárez
médico y sexólogo

Aunque la sexualidad nos intere­sa a todos y a todas, resulta difícil encontrar un lenguaje adecuado para expresarnos y comunicarnos. Este es el resumen de la mayoría de las parejas que acuden a mi consulta, pero ¿por qué ocurre esto en un momento como el actual en que tanto se habla de sexo?
Las causas habría que situarlas en el tiempo en que no ha sido posible abordar este tema, entre amigos/as, medios de comunicación, etc. lo que ha impedido tanto hablar como escu­char, se han creado fórmulas groseras de alusión al sexo a través de chistes, tacos, etc. Este silencio ha dado lugar a que aún hoy día se haga difícil la comunicación, las redes informáticas han favorecido esta comunicación, pero sobre todo en lo que se refiere a las conductas, a los juegos que a cada uno le pueden apetecer y sin embargo rara vez hablamos de nuestras interioridades, de nuestros miedos, de nuestras dudas. Muchas mujeres aún ocultan que no disfrutan de orgasmos en las relaciones y ellos no comentan con sus amigos que padecen una disfunción y que no saben cómo o a dónde acudir. Estas situaciones nos dan vergüenza nombrarlas. Así se da el anacronismo de parejas de todas las edades que cansados de practicar sexo no saben como hacer disfrutar a la otra persona o aún peor como disfrutar plenamente de la propia sexualidad. Entre estas causas se po­dría señalar:
Desde pequeño se nos obliga a cubrirnos y a ejercer control sobre todo lo que se refiere a genitales. Imaginaos la diferencia entre un bebé, independientemente de su género, desnudo desde el nacimiento, jugando con sus genitales cuando quiere y otro al que nada más nacer se le pone un pañal para no tener que andar limpiando heces ni orinas y que solo se toca los genitales un momento al día mientras lo bañan.
Muchos sólo han podido ver órga­nos sexuales en las revistas y películas pornográficas. Así hoy día se entiende que una vulva es sin pelos y un pene es grande y recto y todo lo demás alteraciones y motivos de preocupación o disgusto.
El vocabulario sexual lo utili­zamos generalmente para insul­tar o contar chistes con lo que cargamos peyorati­va­mente la mayoría de los vocablos con que podemos nombrar los geni­tales: "cojones", “coño”, "culito"....Muchas personas jamás nombran estas palabras frente a sus parejas por no quedar mal y para no hacerlo no dicen ninguna otra cosa. El resultado es que ella que estaba deseando que su pareja la acariciara los genitales, por no quedar como ridícula nombrando el clítoris o como grosera nombrando el coño, se quedó sin decir nada y sin caricias para siempre.
La mayoría de la gente no quiere hablar entre ellos de sexo o por miedo a quedar como ine­xpertos o a "no dar la talla". La "filosofía" con la que se ha llevado y se sigue llevando el machismo, una sexuali­dad en la que se han cargado los aspectos cuantitativos sobre los cualita­tivos, es decir cuanto más mejor aunque sea muy pobre en calidad, hace muy difícil, al hablar con amistades o parejas intentar supe­rar las exagera­ciones y /o menti­ras de algunos. Hoy es muy habitual que cuando un chico liga con una chica que tenga un aspecto muy sensual la suponga inmediatamente como muy “experta” y se atemorice frente a ella considerándose a sí mismo un inexperto, y no hablemos si la chica le dice que ella ya ha tenido algunas experiencias. Inmediatamente en la imaginación pornográfica del chico aparece el “superhombre” con el que esa chica se ha debido acostar.
La religión y la moral han dictado unas normas dirigi­das exclusivamente a la reproduc­ción con el consiguiente desa­juste a la hora de vivirlo. Esto lo viven más las personas con educación religiosa, se dividen entre su forma de entender y su deseo. Curiosamente la moral ha calado tanto que personas que ya no reciben esa moral religiosa siguen sufriendo los recortes y las consecuencias de la misma.


Unos de los problemas que han aparecido recientemente con los me­dios informativos es el carácter consu­mista de la sexualidad. Ya no es tan impor­tante que alguien sienta algo por la otra persona para mantener una relación sexual con ella o que se enamore, hoy lo verdaderamente impor­tante es que tenga mucho po­der, que tenga un buen tipo y que utilice sus encantos para la captura del pez gordo. No sé que es más peligroso, si la dic­tadura moralista o la consumis­ta, en la primera se tenía claro que de sexo no se sabía nada y se buscaba con interés una información, las más de las veces difícil de encontrar. Sin embargo en la situación actual cualquier persona compra un video o un libro o una de las famosas revistas pseudocientíficas y cree estar leyendo toda la información del mundo. Las películas actuales han pasado del porno grosero y duro al estético y le llaman erotismo con lo que la información se trastoca en des-información. Cuando alguien quiere “mejorar” su vida sexual no intenta hablar con su pareja de cómo mejorar sus juegos sino que se dirige al sex-shop más cercano y le pregunta al vendedor qué puede comprar.

Con todo esto no es extraño, pues, que la sexualidad y su comunicación genere ansie­dades, vergüenzas, culpas y curiosidades a la vez que a unos les da placer y a otros les crea dificultades.
El lenguaje sexual, como casi todo lo afectivo se torna confuso, po­bre, falto de imaginación y por si fuera poco torpe, pues a veces se pretenden describir sensaciones, emociones de tipo afectivo o sexual con nombres científicos.
Esta situación se ve agravada cuando tratamos de transmitir a los niños los conocimientos adquiridos por los adultos en materia de sexualidad. Los niños demandan respuestas claras a sus preguntas, por lo que no son válidas las respuestas enciclopédi­cas, ni el mostrarles una actitud nerviosa o violenta, motivada en general por la falta de recursos comunicativos.