rincon sexologico

Artículos de opinión sobre la sexualidad humana y la sexología desde distintas perspectivas, médica, psicológica, educativa, social, etc...

15 febrero 2007

El envejecimiento y la sexualidad




Recientemente se ha incrementado el interés por estudiar los mecanismos del envejecimiento y todo lo relacionado con el deterioro que supuestamente debe notar nuestro cuerpo con el paso de los años.
A la vejez se le han achacado una gran cantidad de supuestos que poco tienen que ver con lo que nuestro cuerpo realmente hace. Y la juventud se lleva la palma cuando tratamos de pedirle el máximo rendimiento al mismo. En todos los aspectos de nuestra vida las cosas las entendemos así, pero pocas veces analizamos si esto será del todo cierto.
En buena lógica en los aspectos más físicos de nuestros quehaceres diarios si tienen o al menos parecen tener importancia el estado de nuestra musculatura, de nuestro esqueleto, de nuestros órganos en general, pero ¿necesito mucho de mi cuerpo siempre? ¿en cuantas actividades mi estado general es imprescindible para poder hacer?
Desde luego si se trata de hacer deporte de competición sí tendré que procurar mantener mi cuerpo en los límites más altos, pero si se trata simplemente de hacer deporte para mantenerme ágil buscaré el deporte y la forma de practicarlo que mejor se adapte a mis circunstancias. Conforme la edad nos va haciendo perder fuerza o potencia, la mayoría nos vamos adaptando a estos cambios buscando la mejor forma de mantener las actividades que más nos gustan, sólo los deportistas de élite están condenados a abandonar sus actividades profesionales, que no las lúdicas, los demás nos las apañamos, ganamos en habilidades para saber como mantener nuestros deseos y buscamos nuevas fórmulas para seguir viviendo. Si de joven me levantaba tarde y corría como un poseso para poder coger el autobús, ahora me levanto algo más temprano y jamás pierdo ninguno.
La mitología popular ha explicado en base a lo supuestamente más evidente todo lo que necesita de alguna explicación y así se han ido acuñando frases y mitos que han dado lugar a que en realidad todos acabemos temiendo que llegue esa edad en la que todo se pierde. Así es muy común oír que la menopausia femenina acaba con la sexualidad de ellas y que el hombre a partir de los sesenta también sufre esa “pitopausia” y todo se acaba. Yo siempre he dicho que el Gran Hacedor en su infinita sabiduría nos podría haber quitado el sistema digestivo por ejemplo, así no nos deberíamos preocupar por tener que comer dado lo ajustado de las pensiones, y si no ha hecho esto ¿por qué iba a hacerlo con ese otro sistema más complejo que es el sexual?, con la gratificación que nos da a todos y de una forma tan barata.
Con la menopausia desaparece la capacidad reproductiva en la mujer, pero la reproducción y la sexualidad, ya hoy lo tenemos claro, están separadas, aunque nos reproduzcamos de una forma que parezca sexo. Y que si no fuese así pocos hombres se plantearían el tener hijos. Para tener hijos penetramos y eyaculamos en el interior de la vagina y para tener placer no nos hace falta ni la penetración ni eyacular dentro, con lo que la retirada de la regla en el caso de la mujer no tienen por qué traer cambios en la sexualidad, sí son lógicas algunas molestias en la vagina pues se pierde algo la humedad de esta zona y sus paredes sufren algo de atrofia, pero insistimos, la vagina no es necesaria para el placer. Y en el caso del hombre suele comentarse como la edad trae consigo una pérdida en la capacidad erectiva, y realmente más que una pérdida en el mecanismo de la erección lo que se da con más frecuencia es un enlentecimiento de la respuesta, es decir hace falta más tiempo de estímulo para que la erección ocurra aunque ya no se alcance la dureza de antes, y volvemos a insistir la erección tampoco es del todo necesaria para que el placer se de.
Pero fijaros en las explicaciones y pensad en las típicas situaciones, dentro de una relación de pareja que lleva bastantes años juntos, ella con la menopausia, con toda su mitología en su cabeza, aburrida de una sexualidad que se va convirtiendo en pura monotonía, el con la fantasía juvenil de excitarse y ereccionar automáticamente, pero también acostumbrado a poco o nada de juegos eróticos, con toda la mitología también a cuestas, con una sexualidad muy centrada en que lo único divertido y permitido como normal es la penetración. Así es como esta pareja va a “comprobar” que efectivamente los mitos son ciertos, pues ella acabará contándole a la amiga que cada vez tiene menos ganas y que desde que la menopausia le llegó deseó menos y él le contará a sus amigos que los hombres efectivamente tenemos un final más temprano que tarde.
Si a esto le añadimos que estamos muy acostumbrados a pensar y fantasear en el sexo con cuerpos muy jóvenes casi sin arrugas y con unas pieles tersas y brillantes no es de extrañar la pérdida de deseo que se va dando en muchas personas en estas edades.
La conducta sexual humana es bastante delicada en cuanto a equilibrio, muchas cosas la pueden deteriorar y pocas la animan sobretodo en nuestra cultura de consumo.
Cuando llegamos a estas edades pocas personas tienen las habilidades eróticas suficientes para saber continuar con su sexualidad, siempre esperando ser como jóvenes supermanes ellos y ellas esperando estar bellísimas cual actrices de Hollywood, la realidad de unos cuerpos maltratados por la poca o ninguna calidad de vida, por los excesos, hacen que se nos ponga muy cuesta arriba la práctica de la sexualidad. La salud es importantísima siempre, pero en este caso del que hablamos más.
Un cuerpo saludable, bien tratado, equilibrado, y con la alegría vital tan necesaria para mantener unas relaciones de pareja se hacen fundamentales.
Mantener viva la llama de la erótica puede ser fácil para aquellos que no teniendo parejas estables juegan a la conquista durante toda su vida, se preocupan por estar presentables y guapos o guapas, siguen saliendo a charlar y divertirse y cuando se permiten o consiguen un encuentro sexual se encuentran frente a ellos a cuerpos nuevos, desconocidos y con deseos de ser tratados sexualmente. Sus reacciones sexuales van a ser las de una persona joven tengan la edad que tengan, pues los mecanismos eróticos son así. En cambio la pareja estable que lleva toda una vida juntos, que han vivido épocas buenas y malas, con el paso del tiempo se olvidan de la conquista del otro/a, dejan de salir a divertirse y repiten las mismas actividades días tras días. Ahí es dónde realmente aparece el envejecimiento, en la monotonía de una vida sexual sin habilidades, sin el autocuidado necesario tanto físico como mental y sin el cuidado de la otra persona con la que convivimos.

www.pedrovillegas.com

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