rincon sexologico

Artículos de opinión sobre la sexualidad humana y la sexología desde distintas perspectivas, médica, psicológica, educativa, social, etc...

23 septiembre 2007

El miedo en las relaciones sexuales






Autor: Pedro Villegas Suárez Médico deFamilia y Sexólogo -

-Oiga, si ¿el teléfono de información sexual para jóvenes?,
- Si aquí es,
-mira es que creo que hemos metido la pata, pues yo la he penetrado unos segundos sin preservativo y después nos hemos acordado de lo “antes de llover, chispea”…. -Oiga, ¿es usted médico? Si mire, quisiera saber si haciéndolo durante la regla es posible quedarse embarazada…. -…y si el se toca el pene después de eyacular y luego me toca a mi ¿podría quedarme embarazada?... -mi mujer cree que puede estar embarazada porque hace 10 días que no le viene la regla, ¿es posible? Si siempre lo hacemos con marcha atrás y yo controlo … Estas y hasta 10.000 preguntas parecidas por año llegan al Teléfono de Información Sexual para Jóvenes (TISJ) de la Junta de Andalucía. Siempre te sorprendes de la cantidad de formas de embarazarse que la gente se inventa. Lo cierto es que la humanidad no deja de inventar pamplinas como la nueva idea Estadounidense de abolir el Darwinismo y admitir la idea de que dios creó al hombre a partir del barro hace 10.000 años. En este servicio y en todos los de las distintas CCAA, (Teléfonos de Información Sexual hay en casi todas las Autonomías) las preguntas por temor a una práctica que haya podido terminar en embarazo se repiten a diario. Desde el “nos ha pasado que…”, hasta el “conozco a una mujer que…” todo el mundo ha oído una forma extraña de quedarse embarazada. Aquella señora que se sentó en un water y se quedó embarazada, ¡dios mío! ¡de que forma se sienta el personal en esas tazas!. Esta leyenda urbana circula por todo el territorio, lo que hace pensar que muy sonado tuvo que ser el suceso aunque no haya quedado grabado en la historia, entonces no había programas televisivo amarillos ni rosas que se interesaran por estas cosas, la historia tuvo que basarse en unos de estos embarazos “milagros”, muy probablemente sea la historia de un engaño a un hombre infértil o impotente al que hubo que convencer de que no habiendo sido él la causa de tal embarazo y siendo su mujer una “santa” tuvo que quedarse así el día que acudió al cuartelillo y al usar el water de la tropa se sentó en uno de estos poniendo la vulva sobre el filo de la taza y absorbiendo los espermatozoides que algún soldado dejó mientras soñaba con su amada. Yo me explico estas historias, en un tiempo pasado, como lógicas habida cuenta el gran desconocimiento que de algunas funciones hemos tenido en medicina y psicología, ciencias muy separadas en aras de una moral que no permitía la unión del estudio de la mente y el cuerpo, unir estas ciencias ha llegado a costar la vida a más de un científico que se enfrentaba a la incultura, a esto se unía el deseo de los dictadores morales de sembrar la confusión para hacerse valer ellos mismos. Pero seguir entendiendo las cosas de la misma forma hoy día es difícil de justificar ya que la información es más que suficiente aunque es cierto que esta también es excesiva, difícil de discernir, confusa y cara, y así los mitos de siglos pasados siguen ejerciendo sus influencias hoy día. Un hecho tan básico como el del placer no debería estar ligado a ninguna expresión del miedo y en nuestra cultura lo está, ¿quién ha pasado por una vida sexual “normal” y no se ha visto en alguna ocasión en unas de esas situaciones de pánico por la posibilidad de un embarazo no deseado? Y aunque la situación de la posibilidad no haya llegado, quien no la ha vivido como posible cada vez que se hacía algo. En la mente de muchas mujeres esta posibilidad es casi permanente. Casi todos y todas conocemos a alguien que se quedó y quien no conoce a nadie lo ha oído cien veces. Así la penetración, el fin último de la conducta sexual para la mayoría de la población, es en si misma una actividad que implica siempre ese miedo. En muchas mujeres y muy pocos hombres, el miedo llega a pesar tanto o más que el placer y se convierte en el verdadero motivo de leyendas como la de que “las mujeres siempre tienen menos ganas que los hombres”. Los motivos de su falta de apetencia por una actividad que casi siempre o siempre termina en una duda ¿me habré quedado? ¿habrá fallado el método?, son evidentes. Este miedo unas veces se hace consciente y la mujer es capaz de contarlo como tal y otras en que no es tan evidente por desconocimiento del hecho por parte de la propia mujer o por algo más actual que es el supuesto modernismo con que hoy las mujeres han de enfrentar su proceso de socialización, - tranquilo, no hace falta que hagas nada, yo tomo la píldora…- y más tarde se ve obligada a llamar a algunos de los TISJ porque no se fía de lo ocurrido, él era un conocido nada más y ha eyaculado dentro, como ha oído que todos los métodos fallan pregunta que si no sería mejor asegurarse la imposibilidad de embarazo tomando alguno de los tratamientos postcoitales que existen en el mercado. Esto es algo muy habitual, cientos de chicas a pesar de estar consumiendo ya píldoras anticonceptivas se toman una píldora postcoital cada vez que temen alguna cosa. Nadie se plantea que realmente todos los métodos pueden fallar, que el método anticonceptivo 100% seguro no existe y que quizás sería mucho más seguro no admitir más la eyaculación en el interior de la vagina. Se da por sentado que eyacular dentro tiene que ser más placentero tanto para ellas como para ellos y esto no es cierto, al menos físicamente, pues eróticamente hablando puede resultar más o menos grato y no es discutible pues nuestra erótica moderna muy visual, tiene muy asumida esas imágenes de los amantes gozando al unísono mientras a ella le cae el semen en alguna parte del cuerpo. Pero en la fisiología femenina no hay nada que justifique que el semen en la vagina o en alguna otra parte de su organismo pueda resultar placentero y tampoco en la del hombre. Desde la Sexología la actividad del coito se contempla como una conducta más de las muchas que existen y que no tiene justificación física en si misma pero que sabemos si tiene mucho de conducta dirigida, controlada y obligada. Habéis pensado que para poder penetrar (supuesto acto natural) es necesario la participación de uno o varios médicos, el ginecólogo que la revise, el planificador que la facilite su método anticonceptivo, el médico que practique el aborto en caso de fallo y un largo etc. de productos y técnicas absurdas para conseguir que lo displacentero se convierta en aparentemente placentero. Y todo por seguir considerando la penetración como el no va más de la sexualidad, y la eyaculación dentro como lo mejor de lo mejor. Curiosamente la sexología ha aclarado que la mayoría de las mujeres no tiene nunca un orgasmo con la penetración, que con el aprendizaje si puede ocurrir que se tenga un orgasmo “durante” la penetración pero no “por”, que esta es más una conducta reproductiva y que el órgano capaz de producir el orgasmo es el clítoris. Está bastante claro que en la lucha por las morales, el sexo se quedó reducido a la cama dentro del matrimonio y por supuesto lo único absolutamente lícito era la penetración con eyaculación dentro incluida. Hace siglos que el Machismo decidió eliminar a la mujer del mundo y relegarla a otros planos, iba a decir segundo plano y entiendo que aún hoy en muchas ocasiones la mujer sigue siendo el último plano de la existencia de muchos hombres e instituciones. En esta misión de desposeerla se le quitó su sexualidad y se la forzó a la única sexualidad que le era grata al hombre, penetrarla por cualquiera de sus orificios y si sentía placer o no le era absolutamente indiferente, se esperaba y se espera de ella que dijera que le gustaba, no que lo sintiera, como hoy con las prostitutas y así ha venido siendo desde entonces. La mujer es la gran víctima de todo el proceso de sexuación humana, sus miedos no han sido tenidos en cuenta jamás. Es más se ve como natural que pasen su vida con el temor al embarazo o con el temor a las pastillas y sus posibles efectos, o el temor a la sociedad si se queda embarazada o el gran temor a no ser considerada normal si dice que ella se lo pasa bastante mejor cuando la estimulan el clítoris y no cuando la penetran por muy grande, duro y persistente que sea lo introducido. Si en el fondo de la sexualidad humana falta este respeto hacia la mujer, como decirle a los maltratadores que son ellos los únicos que lo están haciendo mal. Para los profesionales que trabajamos con la sexualidad este binomio es una norma diaria. La sexualidad parece eternamente ligada al miedo femenino al embarazo y nos debemos preguntar ¿esto es así por naturaleza?.
Publicado en Cuadernos para el Diálogo

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